Dueños de miseria
Martes, 11 de Marzo, 2014
Petróleo venezolano, demasiada bandera
El petróleo no es panacea de prosperidad. Los países que lo tienen en abundancia pueden convertirse indistintamente en fábricas de ricos o de pobres, de acuerdo con la estulticia de sus gobernantes. A mayor estulticia, mayor pobreza.
Venezuela, en el caso más sangrante, y cualquiera de los emiratos árabes son la cruz y la cara de esa elemental ley política que sitúa la verdadera riqueza en el conocimiento y no en el oro, aunque sea el negro como en este caso.
Ahora bien, en todas partes es fácil encontrar personajes que por su especial callosidad cerebral, por su mayúscula confusión ideológica y porque rectificar es de sabios y ellos están lejos de serlo, preferirán alabar la dictadura mísera y miserable de Maduro, antes de reconocer aquello tan sobado de Olof Palme cuando defendía que el socialismo debería acabar con los pobres, no con los ricos.
Bueno. Todo hay que decirlo. Además de socialista y antes de esa consideración, Palme era inteligente, así que lo mataron.
A personajes muy significativos y preponderantes de la izquierda española les encanta Maduro por afinidad ideológica y les da igual que tenga el país hecho unos zorros, el encefalograma plano y las características intelectuales de un tablón de boj. ¿Cómo reconocer un fracaso en quien ve a Chávez practicando la metempsicosis con pajaritos piadores?
Y no contentos con rendirse ante su clarividencia, proclaman sin ningún rubor que desearían para España y para Europa entera un contagio bolivariano de ciencia y esencia. ¿Será porque desean vernos formando largas colas para adquirir el papel higiénico? ¿O quizá, que un puño de hierro cierre todos los medios que no les bailen el agua en su carrera totalitaria?
Al oírlos, da pie para pensar que en su plan figuran ambos objetivos.











