Morir en Burgos
Viernes, 21 de Marzo, 2014
El lugar y las distancias
La muerte de Anne, la niña de Treviño que no fue atendida a tiempo por la aplicación de competencias territoriales _ más cabe decir, de incompetencias _, reaviva la polémica sobre los errores cometidos a la hora de descentralizar alegremente aspectos sustanciales de todo estado, como son educación y sanidad.
Las víctimas del primer apartado son más numerosas, pero se detectan a largo plazo; las del segundo, por fortuna, son menos numerosas, pero se detectan al instante. Anne ha sido una de ellas.
Su muerte va a desencadenar un aluvión de reacciones; de hecho ya lo está haciendo, porque aquí somos muy dados a alborotarnos cuando se produce un fallo y cambiar de modelo en vez de perfeccionar el existente. Así producimos más leyes de educación que el resto de países juntos.
Pero de entre las reacciones emitidas, ninguna comparable a la expresada por el diputado del PNV, Emilio Olabarria, según el cual «si Treviño hubiera estado integrado en Álava y formalmente integrado en los servicios de Salud de Euskadi, que son los que tienen los ratio de calidad más alta del Estado español, probablemente no estaríamos hablando de una desgracia de esas características». Prueba y demostración palpable de que el fallecimiento se produce porque la ley ha creado diferentes categorías de españoles respecto a la sanidad.
Anne ha muerto porque era burgalesa. Si fuese vasca, la habrían atendido esos estupendos servicios de los que Olabarria se muestra tan satisfecho.
La perversión todavía es mayor si pensamos que el diputado deja entrever que ahora se ha cargado de razón para proseguir su campaña a fin de que el condado pase a formar parte de Álava.











