En La Haya
Martes, 18 de Febrero, 2014
Los compañeros de viaje acaban molestando
Al margen de las cifras que la Coordinadora de Víctimas presenta ante la Corte Internacional de La Haya para razonar el genocidio de ETA _ número de atentados, de asesinatos cometidos, de los frustrados, de los niños inmolados y de toda la sangre susceptible de ser cuantificada _, el informe debería contener también, y quizá lo haga, la contaminación que ETA produjo en el debate político de todo el Estado sobre el uso y validez de la violencia.
Las consecuencias de esta última y nefasta influencia son visibles en la sociedad de hoy, precisamente cuando más se alardea de que ETA ha dado por finalizado su dictadura del terror, porque sus brazos se extienden a donde, sin parecerlo, pueda seguir haciendo el mayor daño posible a la convivencia de los españoles.
Se descubre ahora con inocencia pueril, que ETA y su engrasado equipo de fabricar conflictos, están dando cobertura y apoyo a grupos ansiosos de imitar sus métodos en otros lugares, a la vista de los excelentes resultados que se consiguen y del aplauso bobalicón de una sociedad que camina alegre a ser sometida por el nacionalsocialismo, que como ya sabemos, no admite más que un pensamiento y un poder.
En ese camino encontró, antes y ahora, tontos útiles y compañeros de viaje que creen obtener ganancia en la ganancia del enemigo, aunque éste solo espere el momento oportuno para dar rienda suelta a su particular noche de los cristales rotos, de los cuchillos largos o de la matanza de san Valentín.
El genocidio que se reclama en La Haya es mucho más profundo del que se puede expresar con el número de las víctimas, porque a diferencia de los que forman parte de la historia, el de aquí no ha hecho más que empezar, y a lo peor, en La Haya no son tan listos como para verlo.











