Rendición
Domingo, 10 de Noviembre, 2013
Cautivo y desarmado
Se tumbó el juicio contra Morín el Abortador. Se anuló el indulto de Ríos el Kamikaze. Se frenó la tijera de Wert contra las Erasmus. Y se rectificó la doctrina Parot contra los liberticidas. Todo en el espacio otoñal de un puñado de hojas caídas. Gobierno contra Gobierno y jueces contra jueces. Nunca estuvieron tan flojos y desencuadernados los criterios.
No se trata de criticarlo, por supuesto. Si hay posibilidad de enmendalla, mucho mejor que sostenella; pero ocurre que de todas ellas, la última rectificación está causando tal cantidad de desgarros éticos y estéticos, está propiciando unas fotos tan desagradables y unos dolores tan íntimos e intensos que se reafirma y apuntala la misma impresión que se tenía cuando nos anunciaron que Estrasburgo iba a votar en esa dirección.
Es tanto el sufrimiento que causa, y tanta la desproporción entre las penas y los crimenes, que deja a la sociedad sin capacidad de respuesta ante la barbarie, sin medidas para hacer distingos entre el homicidio casual y la masacre; entre la imprudencia con resultado de muerte y la vesania criminal y dolosa. Hay algo en todo ese proceso que no se nos ha explicado bien, algo de la ciencia jurídica que escapa al entendimiento y se aleja a pasos agigantados de la noción de justicia que tiene el común de los mortales, cada vez más mortales ante la impunidad con la que se trata a los asesinos.
Para explicarlo entra en juego el factor político y ahí es cuando la afrenta se hace mucho más intensa, por el engaño mantenido durante años, por las cínicas palabras de consuelo pronunciadas en falso y por la monstruosidad que se pretende colar como majestuoso éxito de una gran capacidad negociadora, cuando se trata de la capitulación más ignominiosa que han conocido los siglos.











