En la cola, a pulso (y II)
Viernes, 11 de Octubre, 2013
A Jesús Sánchez Carrascosa cabe el dudoso título de ser padre de la telebasura española con Tómbola
Un ambiente que propicia la falta de estímulos y de interés por el conocimiento, donde se cubre el expediente con gran facilidad y todo se enmascara con la prosperidad económica, consigue una comunidad educativa feliz como una perdiz. El alumno lo está porque no le exigen; los padres, porque sus hijos progresan adecuadamente; los profesores, porque todo va bien sin grandes esfuerzos. Como toda generalización, tiene muchas excepciones, pero ellos saben quiénes son.
En este humus aparecen otros depredadores que crecen como bacterias en condiciones propicias. Por ejemplo, la televisión, esa máquina que se alimenta de audiencias y a la que la sociedad _ al menos, la española _, le da bula para que utilice los más abyectos anzuelos con tal de atraerlas hacia sus fauces, y una vez trituradas, salir a la calle en busca de más y más. Eso no se consiente ni para pescar peces.
Es cierto que cualquier medio o producto comercial basa su existencia en el favor del público, pero ninguno como la televisión es capaz de degradarse al mismo ritmo o superior que su clientela.
Esto no es cuestión de gustos, ni de libertad, como se pretende mostrar. Existen criterios objetivos suficientes para distinguir la bondad de un contenido y la mierda pinchada en un palo de un tertulia destripa-bajezas. Una parte significativa de la televisión española opta claramente por el palo y lo que lleva colgando.
Las tribunas antes reservadas para quienes aportaban algo de interés general, se ceden con largueza a aquéllos que tenían algo que masacrar, y de ahí a burlarse del conocimiento media un tramo tan corto que cualquiera puede saltárselo sin que se perciba, ni sea causa de alarma social.
Y no se agotan aquí las causas de por qué estamos a la cola.











