Para misas negras
Sábado, 9 de Marzo, 2013
Mucha Rosalía y mucha mandanga y luego tiene que venir uno a localizar la placa de Aurelio Aguirre
Las airadas protestas del BNG por no considerar a Marta Rivera lo bastante nacionalista como para leer en público a Rosalía son comparables a las que podría objetar el Instituto Cervantes contra Antonio Gala para prohibirle leer el Quijote en el Círculo de Bellas Artes por no ser suficientemente manchego.
Y quien dice manchego, dice rubio, alto, gay, socialista, católico o sentimental. No hay que ser suficientemente nada, ni siquiera nacionalista, para leer a Rosalía, o a Juan de la Cova y Gómez, que por mucho que les duela, se adelanta a Rosalía a la hora de publicar en gallego.
Bueno. Ésas son cosas de la intelectualidá, que aquí estamos hablando de vulgaridades.
Ignoro a quién se le ha podido ocurrir la censura, pero sin género de duda se trata de alguien que pretende oficiar misas negras con los textos rosalianos en la profundidad de oscuras catacumbas, a las que solo podrán acceder gente de carné y pata negra, gente muy bregada en desconocer la biografía rosaliana, en comulgar con ruedas de molino y en mirarse el ombligo con microscopio.
Allí, en la soledad del templo mistérico y reservado, se escucharán graves y solemnes las palabras Negra sombra, regatos pequenos y Bastabales, y allí, con sentidos golpes en el pecho, dará comienzo la ceremonia de la lectura pública en un acto privado.
Y luego se extrañarán de que la Iglesia cierre el paso de la mujer al sacerdocio. Si para leer a Rosalía hay que tonsurarse del BNG y vestir traje talar, se van a quedar más solos que Caronte. La propia Rosalía, como todo el mundo sabe, sufre como ella sola sabía hacerlo, cuando el 28 de marzo de 1881 tropieza contra la incuria cultural de los zelotes de turno, lo que le lleva a tomar decisiones nada favorables hacia el gallego, tal como se empeñan en repetir ahora.









