El bolígrafo del tesorero
Viernes, 8 de Febrero, 2013
Luis Tosar, en el papel de Luis Bárcenas…
En un remedo de Rivas y su famoso lápiz del carpintero, esta historia podría titularse El bolígrafo del tesorero, la apasionante trayectoria de un boli que durante dieciocho años como dieciocho soles transcribió fielmente la contabilidad B de un partido, por eso, porque era un Bic.
Una historia de terror y delincuencia que lo mantendrá atornillado a su butaca hasta que la acabe, y cuando lo haga, por favor, la empresa le ruega que no revele el final a sus amistades porque es inimaginable.
Un bolígrafo con poderes extrasensoriales y extracomunitarios, capaz de mantener inalterable la caligrafía de su dueño durante cuatro largos lustros, sin que la lluvia, ni el viento; la salud o la enfermedad; Aznar o González fuesen capaces de alterar lo más mínimo el estado de ánimo de su propietario.
Un bolígrafo con una carga de tinta que hubiera servido para transcribir todas las novelas policíacas escandinavas de los últimos veinte años y seguir funcionando tan fresco como el primer día, a imagen y semejanza de Ana Rosa Quintana, de quien dicen, ha suscrito acuerdo diabólico para mantener la tersura de piel.
Cada vez que se menciona la existencia del prodigioso boli, en varios despachos madrileños se les hiela la sangre a sus ocupantes y tan estrecho les queda el tránsito del gaznate que han de alimentarse por sonda, o al eufemiano modo, mediante transfusiones.
Dadas las características del cálamo advertimos a los lectores / oyentes / espectadores de su apasionante historia, que el desenlace todavía puede demorarse algún tiempo, pues como decirmos, estamos delante ¡del bolígrafo más grande jamás escrito! Nota.- Dada la larga duración de la obra, el descanso no será después del No-Do, sino a la mitad de la proyección.









