El semáforo en rojo
Lunes, 10 de Diciembre, 2012
Tardà en la calle
Es una anécdota de hace unos cuantos días, por lo que imagino que será bastante conocida. Joan Tardà, el diputado de ERC en el Congreso, espera en una calle de Madrid a que el semáforo se ponga en verde. A su lado se sitúa un abuelo con su nieto que reconoce al político catalán. Durante los segundos que el semáforo de Tardà tarda en permitir el paso, el hombre de al lado los consume repitiendo con ritmo cadencioso y suponemos, también con cierto ardor: “España… España… España…”
Tardà relata lo sucedido incluyéndolo en la nómina de los gajes del oficio, lo cual le honra. Otros en su caso, como el ínclito Joan Gaspart, llegan a Barcelona despotricando contra “el centralismo madrileño” y “el absolutismo español”, como el protagonista de aquel anuncio que exclamaba: “¡tengo unas ganas de llegar a casa y comerme una butifarra del perol…!”
Bueno, Gaspart no dice nada de la butifarra, sino del chute de independencia que le entra en el cuerpo cada vez que pasa por la plaza de la Cibeles, pero para el caso es lo mismo.
Ellos, y Rahola, y Mas y otros parecidos de encefalograma exclusivamente catalán creen que eso les pasa porque no les entendemos en sus ansias independentistas, y no es cierto.
Eso les pasa porque los hay que insultan antes de ser criticados y sobre todo, porque sin legalidad para ello destruyen de raíz la nación española, robándonos al resto el derecho a decidir sobre todas y cada una de las partes del territorio nacional, que por mucho repetir en los periódicos que es otra cosa, no va a dejar de serlo, salvo que así se decida en asamblea general.
Por eso el abuelete le canturreó la palabrita. En todo caso, si quieren la independencia, pónganse la mejor de sus caras y traten de convencerlo entre semáforo y semáforo.










