El averío
Miércoles, 11 de Julio, 2012
Águila no perdiéndose detalle
De momento solo son los sociólogos los que nos diagnostican un estado de ánimo que pa qué. Un estado de ánimo que no levanta ni la crisis, ni el consumo, ni la moral. Habría que hacer algo antes de que entren en danza los psicólogos, psiquiatras, frenopatólogos, alienistas y neurólogos, porque no habrá diván para tanta depresión.
Como siempre ocurre en estos casos, los medios de comunicación se llevan un buen pedazo de culpa: “Claro, se pasan el día diciendo lo mal que estamos, que solo tienes ganas de llorar, como cuando Ama Rosa. ¡Lo mal que lo pasaba Ama Rosa!”.
Terrorismo psicológico le acaban de llamar a la Información Nacional. ¿Habrá que prohibir la sección de Economía? Bueno, y las de Sucesos y de Local. Nos quedamos con Deportes, que siempre es una garantía, y con Internacional, que las desgracias ajenas sirven para tapar las nuestras.
Durante un quinquenio trabajé bajo las órdenes de Anson. Eran los años del plomo y entonces existía una gran preocupación sobre cuál era la actitud más correcta que debería adoptar la prensa democrática frente al terrorismo. Tal fue el grado de excitación conseguido en los medios que Anson llegó a proponer muy seriamente no hacerles caso, no recoger ni en papel, ni en ondas hertzianas, las bestialidades de esos fuleros.
¿Se imaginan que el día siguiente de Hipercor, o del 11-M, o de la muerte de Miguel Ángel Blanco, cuyos quince años se cumplen hoy, los periódicos no diesen una línea de lo sucedido, o que se limitasen a un suelto perdido entre la información política?
El ánimo hay que levantarlo, en efecto, pero no con el método avestruz, si es que realmente el ave entierra la cabeza para huir del enemigo; sino con el del águila, que no pierde de vista las mejores oportunidades.











