El respiro sindical
Sábado, 21 de Julio, 2012
El lugar de los hechos
A los espontáneos afeadores de conductas, ésos que siempre se apuntan voluntarios a tirar la primera piedra, les pareció fatal que Cándido Méndez se refrescase en una terraza madrileña de la plaza Isabel II tras una agotadora jornada de manifas, Castellana arriba, Castellana abajo. “¡No te pagamos para esto!”, le espetaron llenos de razón, imitando, quizás sin saberlo, a Ortega y Gasset cuando descubre las verdaderas intenciones de algunos republicanos en 1931 y escribe un artículo de prensa siempre recordado en ocasiones así: “No es esto, no es esto”.
Algunos gritos fueron más directos, por si no hubiese quedado clara la intencionalidad del reproche: “Ahí está, tomando unas cervezas a nuestra costa!” Solo faltó que se acercasen al camarero y le abonasen las consumiciones de Cándido y acompañantes.
Los indignados manifestantes se avergonzaban del sindicalista por no verlo maquinando la huelga general, aunque bien podría hacerlo tanto a golpe de Pilsen en la terraza de la reina, como con agua de litines en el despacho.
Pobre Méndez, ni un minuto de respiro le dejan para tomarse un kit-kat.
Y es que él no está acostumbrado. Después de ocho años preocupado únicamente de saber si había llegado la saca de Moncloa, es natural que demasiada actividad le produzca agujetas y busque fuerzas a la sombra.
Y más vale que sea así, porque todos los beneficios que pueda traer consigo en estos momentos una huelga general caben en una nanopartícula de osmio, que como saben ustedes es el elemento más denso de la tabla periódica.
En Europa están atentos a todos estos movimientos por ver si entre los recortes del gobierno, las manifas de los indignados y las huelgas de los sindicatos, nos queda un hueco para producir lo que nos va a costar el préstamo, y no las tienen todas consigo.











