El italiano enfadado
Martes, 22 de Mayo, 2012
La víctima y el escenario
Al autor del atentado de Brindisi lo han pillado con una cámara en plena colocación del explosivo. Es buena señal para pensar que pronto lo acaben pillando de córpore in custodia.
Entremedias, el fiscal de la ciudad italiana aventura el perfil psicológico de ese hombre, y descartada la Mafia en la animalada, apuesta a que bien podría tratarse de una persona enfadada con el mundo, aunque a estas alturas es de imaginar que el mundo esté mucho más enfadado con él que viceversa.
Una persona enfadada con el mundo se arma de bombas y mata a una muchacha para apaciguar su cabreo. Si no le gustaba lo que había, mucho menos le va a gustar lo que provoca. Y ésa es una parte importante del problema, porque además de llegar a la Tierra exigiendo ser tratados como en un hotel de cinco estrellas, la mayoría de los enfadados con el mundo no solo no hacen nada por mejorarlo, sino que colaboran con denuedo en estropearlo lo máximo posible en la medida de sus fuerzas.
El gremio de enfadados con el mundo, como todos los gremios, ha originado grandes personajes y grandiosos delincuentes. En el primer apartado se encuentran todos aquellos que se esforzaron por mejorar lo que se encontraron. En el segundo, los que confiaron su disgusto a la dinamita. No parece arriesgado suponer que en Brindisi nos encontramos ante un miembro del segundo grupo.
En cualquier caso, el fiscal de Brindisi se habría acercado más a la verdad, si en lugar de definir así al autor del asesinato, se hubiese referido a él como un trastornado, un hombre que confunde la realidad, sus deseos y los métodos a emplear. Los hay en abundancia, aunque no todos llegan al extremo de ahogar su enfado en sangre juvenil.
Al de Brindisi le queda poco para ser sumamente reconocido.











