Obra menor
Jueves, 10 de Noviembre, 2011
El despacho todavía no se puede ver (Foto Albert Cocho)
En medio de una lluvia incensante de cristales, togas, infantes, rescates bancarios, irrupciones en despachos, dimisiones prometidas, erupciones de lava ardiente y debates de trámite, alguien ha decidido que el despacho del jefe de la oposición en el Congreso de los Diputados debe ser adecentado, alicatado hasta el techo y engalanado con ricas obras de la Real Fábrica de Tapices sobre cartones de Goya, don Francisco, que no de doña Pilar Goya de Pérez.
El despacho del jefe de la oposición es uno de los sacrosantos lugares de la Democracia y es justo que en todo momento luzca con los atributos acordes a su jerarquía. En momentos como los actuales, cuando todos los indicios señalan que puede cambiar de inquilino, nada desaconseja que en él se lleven a cabo labores de ornato, arreglo y brillo; aunque no falten mal pensados que rechacen la inversión por inoportuna. No es nuestro caso.
Aunque a la hora de escribir este billete, su autor desconoce el alcance de las reformas, su presupuesto, el ordenante, la empresa encargada de llevarlas a cabo y los metros cuadrados que ocupa el citado despacho, no cabe duda que es una de iniciativas que más se venían echando en falta.
Sin ir más lejos, hace días se celebró en San Pedro de Bujalance una concurrida manifestación de reparadores de sillas de rejilla en demanda de que se acometiesen las mejoras a la mayor brevedad posible. “¿Para cuándo las obras en el despacho del jefe de la oposición?”, rezaba su indignada pancarta.
Se ve que la presión ejercida por estos y otros simpáticos artesanos ha surtido efecto y en pocos días, a más tardar el 20, quizás ya funcione ese grifo rebelde que siempre se le resistió a Mariano y que golpeó con cansino tintineo nocturno durante los últimos ocho años.











