Más Mas
Sábado, 1 de Octubre, 2011
¡Inmerso estoy!
A Mas, y a los que piensan como él, les encanta el debate sobre la inmensión lingüística y todas esas ecuaciones que establece en su cabecita de niño aplicado cuando descubre el mundo de los silogismos: A más Cataluña y más Europa, menos España.
A Mas y a sus admiradores les encanta pensar que sus borborigmos de intestino suenan con distinta cadencia que los extremeños, más roncos y prolongados.
Mas se acuesta convencido de que sus ventosidades tienen ese inconfundible aroma de las tierras prepirenaicas que las hacen reconocibles allí donde se expelen.
Por ésas y otras muchas razones, Mas y sus incondicionales practican a diario la inmersión en el debate sobre la cataluñidad y sus fórmulas magistrales: Cataluñidad tiende al infinito si la multiplicamos por baloncesticidad elevada a pi.
¿Dónde moverse mejor que en ese terreno evanescente, delicuescente y apocholado que es el orgullo nacionalista, sin primas de riesgo, ni cifras del paro, ni rabos de gaita? Bueno, gaita puede haber, pero no allí.
A esa línea de conducta presumida y marisabidilla le faltaba un punto macarra que la dotase del matonismo necesario para imponerse al resto de ciudadanos con desparpajo y chulería. Le faltaba, pero ya no. Mas no ha tenido empacho en traspasar la línea roja y se ha burlado de los niños gallegos y andaluces que aun hablando castellano, no se les entiende.
Cabe pensar que el presidente vería con buenos ojos someter todos esos niños a una buena inmersión lingüística en el Maresme para obtener como resultado unos perfectos catalanohablantes como Dios y la Moreneta mandan.
Se comprende que Mas y los suyos se dediquen a estos entretenimientos. Lo que no se comprende es que los catalanes no los corran a gorrazos.



