Malas noticias
Lunes, 21 de Marzo, 2011
Gadafi y su mirada
Tiene que resultar muy frustrante ser atacado por el premio Nobel de la Paz, por el creador de la Alianza de las Civilizaciones y por un declarado admirador de Juan Pablo II, BO, ZP y NS, respectivamente.
Muy frustrante porque se entiende que tan preclaros pacifistas no ordenan que sus ejércitos ataquen a cualquiera así como así. Cuando lo hacen es que se trata de un enemigo imposible de reconducir por las vías del aliancismo civilicionista. Ese enemigo se llama Gadafi, lleva 42 años en el poder y es el líder de la Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista. A punto estaba de celebrar con toda tranquilidad sus Bodas de Oro al frente de Libia si no se le hubiesen cruzado en su camino unas revueltas que le achacan graves deficiencias para satisfacer el prurito democrático.
También era perseguido por la Interpol, tenía dificultades para manejar sus cuentas bancarias y se le ponía mala cara cuando intentaba entrar en los países acompañado de su guardia amazónica de mujeres armadas hasta los dientes. Pero nadie lo diría viendo su álbum de fotos en compañía de los jefe de Estado y presidentes de todos los países que hoy le atacan. Bueno, que le envían operaciones militares, como dicen los turiferarios para no mentar la guerra.
Que Gadafi no es un buen ejemplo del perfecto demócrata se sabe desde hace 42 años. Sus conexiones con el terrorismo internacional lo avalan de antiguo y lo hacen dueño de un poder oculto muy destructivo. Los aliados han descubierto sus cartas y él amenaza con utilizar las suyas. Ya estamos metidos de hoz y coz en otra guerra cuyas consecuencias últimas no se conocerán hasta que termine. (Obsérvese la obviedad).
O mucho más allá, si se le aplican criterios de memoria histórica. La amenaza del 2012 toma posiciones.











