¡Viva Juanjo Puigcorbé!
Viernes, 21 de Enero, 2011Sólo uno de cada cien personajes pertenecientes al subgénero arboricae famosus _ o sea, aquéllos cuyos rostros son reconocidos por la masa aunque se pongan encima el traje de Spiderman _, es capaz de enfrentarse al chafarderismo desilustrado para cantarles las cuarenta y mandarlos a paseo. Ésos, como dejó escrito Bertold Brecht, ésos son los imprescindibles.
No hago causa común con los cebollinos porque el chafarderismo está tan alejado del reporterismo como un rompefarolas lo está de la Nasa, aunque ambos se dediquen a lanzar objetos hacia arriba. Entérese bien el público, entérense los interesados que se tienen por informadores y entérense sus directivos, por si en algún momento se les ocurre pensar que hacen periodismo.
No hay ninguna traición al colegueo, si en este caso, como en otros similares, apostamos por Juanjo Puigcorbé y lo apoyamos en su monumental cabreo contra la chafardera de turno. Con un Puigcorbé cada día, se iban a meter la cebolla do les cupiese; dicho con todos los respetos y la máxima voluntad de agradar.
Hasta cierto punto es comprensible que los arboricae famosus, sobre todo los que porfían por serlo, hagan de tripas corazón y hasta se pirren cuando una chafardera, con su cámara adlátere, se fija en ellos y les extiende la cebolla en demanda de que suelte por allí la primera sandez que se les ocurra. Es comprensible porque parte de su trabajo se basa en permanecer colgados de los candelabros, como buenos arboricae que son, y para lograrlo no hay nada como salir fotografiados en esos espacios. Es más, existe gran cantidad de gente que sin hacer nada reseñable en esta vida, no cesa de aparecer allí debido al ansia consumidora de fama que caracteriza al chafarderismo. Por eso, cuando una persona como Puigcorbé los pone a caldo, sentimos un gran alivio gastrointestinal. ¡Viva el Rey!










