La década cochambrosa
Sábado, 2 de Octubre, 2010Hay décadas y décadas
El sindicalismo está muerto. La política está muerta. El trabajo se debate entre las olas. Sólo Belén Esteban es capaz de bracear sin ahogarse.
Ni con Carlos II, el Hechizado, ni con Fernando VII, el Felón, estuvo el pueblo español tan castrado. En toda las épocas hubo vaivenes y períodos desafortunados, pero los últimos diez años no serán escritos con palabras menos graves.
Estamos a un trimestre de que finiquite esa primera década del siglo XXI y nadie es capaz de encontrar un adjetivo optimista que la defina.
La década prodigiosa, tal como la concibe Frederic Danay, es un título apetecible, pero no parece el ajustado a esos diez años que se escapan por el sumidero.
Sin ánimo de ofender, pero la década ha dado pruebas de ser un niño meón que lo deja todo perdido.
Quizás se deba al predominio social de la cibernética y a la gran inexperiencia que demostramos cuando la manejamos. Era de esperar. Ni Solón, ni Kant eran duchos en cibernética, y eso se nota en los pañales. Pero ofrezcamos ideas.
Así como en el siglo anterior hubo el crack del 29, los alegres veinte, la postguerra de los cuarenta o los locos ochenta; la primera década del XXI será recordada como la década imberbe.
Llegamos a tamaña tecnología que ni siquiera sabemos qué hacer con ella. O lo que es peor, no sabemos manejarla, lo cual nos puede conducir a accidentes mortales.
Exactamente lo mismo lo ocurre a cientos de padres en España todos los días: compran y ponen a disposición de sus hijos un automóvil de gran cilindrada que un conductor, joven e inexperto como aquél, tardará en dominar. De ese modo, la ocasión de accidente ganará enteros ante la ocasión de aprender.
Así de floja ha sido esta década.
_¿Imberbe, dice usted? ¡Culito de bebé!



