El hampa de poltrona
Jueves, 9 de Septiembre, 2010El pueblo defendido interinamente
Siguen llegando testimonios de cómo algunos políticos, tras alcanzar el poder, tienen a bien dedicar graves esfuerzos en incumplir la ley, desde las constitucionales hacia abajo.
Sin embargo a los únicos que pillan, muy de cuando en cuando, son a los que meten la mano en la bolsa; y para eso hay que emular a Roldán, que no metía mano, sino un convoy de camiones de ésos que se usan para transportar bloques de piedra.
A los que delinquen contra la pomposa Ley de Leyes, jamás les pasa nada. Será que padecemos un sentimiento mercantilista de la justicia, o que nos importa todo el pedo de una vaca, pero el caso es que eso sucede.
Si el delito contraviene los derechos fundamentales de las personas; es decir, de los españoles y de las españolas _ valórese la corrección lingüística utilizada _, el delincuente suele objetar que a él no le afecta la Constitución, porque él es de las naciones periféricas y ellos van por el horario de Green Peace.
El argumento se acompaña de varios gestos que denotan el orgullo que estos tipos sienten declarándose unos vulgares infractores de la ley vigente. Imagínenselos por un momento en tres países escogidos al azar: Estados Unidos, Cuba y Venezuela.
No se los pueden imaginar porque en ninguno de esos tres sitios habrían olido la más leve brizna de poder, pero si aún así son capaces de concebir la situación, al lado del caballero verán a un par de guardias de la porra conduciéndolos a la mazporra, que diría Millán.
La defensora interina del Pueblo se ha lanzado a contar nuevos casos espeluznantes que siembran el terror entre las almas sencillas, aunque lo verdaderamente terrorífico no es que la delincuencia ocupe las poltronas, sino que ningún estamento de la sociedad sea capaz de impedírselo.










