Pensamiento, obra y omisión
Lunes, 20 de Septiembre, 2010
Los refractarios se negaron a admitir la supremacía del poder civil. Los gitanos, también
Cuba deporta ex presos políticos porque sus ideas son incompatibles con el régimen. Se les secuestra la libre conciencia y la sustituyen por otra que obliga a profesar la inquebrantable fidelidad al sistema.
En el caso de que exista rechazo al trasplante, se convierten en traidores y se exponen a perder también su libertad.
La Francia revolucionaria actuó de forma parecida con los sacerdotes. Aquéllos que se negaron a aceptar la sumisión del poder religioso al civil, los que después fueron conocidos como refractarios, o no juramentados, pasaron a ser sospechosos de traición, perseguidos, encarcelados, condenados a muerte y en definitiva, deportados.
En ambos casos, la mayoría de cubanos o franceses encontraron en España su país de destino, lo cual deja en muy buen lugar nuestra capacidad de acogida. Cierto que a los refractarios se les prohibió dar clases a los niños españoles por si se les había pegado algo de Revolución. Eran curas fieles a Roma, pero también franceses, y España sabe que de Francia sólo pueden venir liberalismo y conductas desordenadas.
A los cubanos no se les impide la docencia, si reúnen los requisitos para ella.
Hoy se produce otro tipo de deportaciones. Parecen obedecer a causas distintas, pero en el fondo guardan gran semejanza con los dos casos anteriores. Como saben, el presidente francés les recuerda a una serie de inmigrantes que la vida en aquel país exige el cumplimiento de todas las leyes, a ellos y a los que allí nacieron, a quienes él ha prometido orden, paz y justicia. De modo que, sintiéndolo mucho, se les deniega el permiso de residencia, como ya se apresta a hacer España con quinientos casos similares.
Las tres son versiones sobre el derecho de admisión. A unos se les deniega por malos pensamientos y a otros, por malas obras.











