Agosto tuvo que ser
Sábado, 21 de Agosto, 2010“A partir de ahora a esto lo llamaremos orden. Es una orden”
La lectura de lo acordado en el Consejo de Ministros activó en mis entendederas un extraño mecanismo del que sólo Otero Acevedo o Freud podrían dar pertinente explicación. De repente, allá en el fondo del hipotálamo, comencé a oír una versión manipulada de las Dos cruces de Carmelo Larrea, que arranca así:
“Agosto tuvo que ser, con su lunita plateada, testigo de la dejación y la turbia canallada”.
Y todo porque el Gobierno trataba de explicar cómo van a hacer para que un Estatuto que no cabe en la Constitución, quepa en las leyes; eso sí, sin reformar ésta y de forma que siga siendo anticonstitucional, pero legal. Soberbio. De aquesta manera, colige el Ejecutivo, se podrán cumplimentar las legítimas aspiraciones de los ciudadanos catalanes. La repera. Aquí todo es la mar de legítimo menos la ley.
Otra cosa que van a hacer es constituir comisiones bilaterales, con lo cual ya se pueden dar ustedes por escindidos. Hasta ahora las comisiones bilaterales reunían a dos estados con soberanía sobre sus territorios en idéntico rango. Ya no. Ahora se forman entre un Estado y parte de ese mismo Estado, que no se sabe lo que es y al que llamaremos “legítimas aspiraciones”.
Puestos a organizar chochos, pocos gobiernos del mundo pueden presumir de tanta eficacia. Les dejas una tarde la ley de la gravedad, y al día siguiente tenemos a todos los objetos flotando. Allí donde antes había un problema, pasan ellos y quedan dos.
Cabría preguntarse si cuando esto acabe, porque algún día acabará, se podrá recomponer la casa, como cuando vienen doce amigos de los niños a celebrar un cumpleaños; o por el contrario quedará así para siempre. El papel higiénico desenrollado a lo largo del pasillo, los cojines en la nevera y las fichas del parchís desaparecidas en combate.











