Calcetines y camisolas
Miércoles, 21 de Julio, 2010Un bar de Santiago ha colgado en la puerta un cartel en el que solicita a su distinguida clientela que se abstenga de penetrar en el sagrado recinto báquico portando camisetas que contengan simbología de la Selección Española.
Se supone que quienes se disfracen de holandeses, quienes vayan por Ghana, los seguidores de Messi, o los coreanos del norte, tan simpáticos ellos, serán recibidos con la mejor de las sonrisas, pero si a usted se le ocurre el terrible disparate de ser español y festejar los goles de Villa, aunque sea el único año en el que ganamos, se encontrará a las camareras de morros, como diciendo: “Malditos, nos habéis robado la final al Compos”.
Los usuarios de calcetines blancos pueden estar contentos. Ya no son los únicos a los que se discrimina en los baretos impidiéndoles la entrada. Ahora pueden juntarse con los de las camisolas futboleras e irse juntos de botellón al Monte do Gozo.
Además de actuar con una visión comercial que hará feliz a la competencia, este bar santiagués, o lo que sea, pone de relieve los estragos que puede acarrear la incuria cultural si se combina con unas gotas de arrogancia. Quienes la han fomentado con todas sus fuerzas deberían sumirse en un bochorno disolvente y desaparecer. Pero no, están encantados de que sucedan cosas así y hasta las ríen y jalean.
El otro día, el presidente de todo esto contestó en una entrevista que estaba “más de acuerdo” (?) en multar a los comerciantes que rotulan en castellano, como medio para compensar la persecución sufrida por el catalán.
Si ese razonamiento se lee en un panfleto sin pie de imprenta, se entiende por qué. En labios de quien lo dice, se convierte en un poderoso acicate del pesimismo:
_Esto no lo arregla ya ni el sargento Colomera.


![Botellon]](http://bitacoradecora.elprogreso.info/wp-content/uploads/2010/07/Botellon.jpg)












