Niños traumatizados
Viernes, 21 de Agosto, 2009Púberes felices practicando el noble deporte balompédico, sabedores de que por muy mal que sople Eolo, nunca les harán más allá de una manita
Gracias a la Federación Catalana de Fútbol me entero de haber sido un niño maltratado, un aspecto de mi vida que hasta ahora desconocía, aunque ya decía yo que esta mala leche de algún sitio tenía que salir.
Todo viene a cuento de una iniciativa que dicho organismo está estudiando con el fin de que los partidos de fútbol base no puedan reflejar en el marcador una diferencia superior a los cinco goles. Esto es, si el equipo de su nene pierde por 10-0, el acta sólo reflejará 5-0, y si la diferencia es mayor, lo mismo. Nunca pasará de cinco porque así los niños no se traumatizan.
¡Lo que faltaba para el agilipollamiento general! ¡Las derrotas de menos de cinco goles no humillan a los niños! Y de esa forma no lloran por las noches pensando en lo mal que hicieron jugando al cerrojo. Como son tontos, ven un 5-0 en el acta y se dicen: “Pues no jugamos tan mal”.
Y ahora viene lo chungo, porque como en la década de los cincuenta no había estos miramientos para con los infantes, a nuestro profesor se le ocurrió la brillante idea de hacer un equipo de baloncesto con los mejores y otro con los peores, donde me incorporé consciente de ser el peor de los peores. Creo que por ello le subvencionaban con balones.
El caso fue que nos puso a jugar los unos contra los otros en medio del ridículo general del patio. Y así, el resto de los alumnos se dirigía a nosotros, los malos, con gritos de: “¡Maletas, paquetes, desgraciados!” Total, que perdimos 103-3, lo que nos debió de traumatizar un montón, porque aquel equipo de los peores dio varios asesinos en serie, un ingeniero y un periodista, que soy yo.
Al Hermano Tomás, que así se llama el profesor, le conviene saber que de acuerdo con la convención catalana, aquel partido sólo lo perdimos 8-3, que no está nada mal. ¡Ay!¡Qué trauma me he quitado de encima!











