Pecados de progres
Lunes, 9 de Febrero, 2009
Dicen que lo de Eluana no es vida; de modo que han decidido matarla, por si pudiese quedar alguna duda. Cuando lo consigan, Eluana ya será un cadáver con todas las garantías de permanecer en ese estado hasta la eternidad, si es que se puede citar eternidad y eutanasia en una misma frase.
Vamos a dejarnos de gaitas; a un menda estas actitudes tan piadosas para quien está sufriendo, le dan un pánico terrible, y llegado el caso prefiero que me toque en suerte un grupo de ocho o nueve torturadores, de ésos que se ponen alrededor de la cama y no te dejan morir porque están todo el santo día con la sonda, el suero y la medicación.
No es apego a la vida, es dificultarle el trabajo a la muerte.
La historia de Esparta siempre impresionó mucho a los alumnos: “Los espartanos _ decía el texto _, arrojan por un precipicio a los niños que nacen enclenques, sin las condiciones adecuadas para la guerra”.
Cada vez estamos más cerca de la ética espartana. Quien no esté en condiciones de ir todas las noches a la discoteca a ponerse de polvos hasta el corvejón; quien no se tronche con los ocurrentes comentarios del Gran Wyoming y sobre todo, el que no pueda votar democráticamente cada vez que sea convocado para ello, se le pasaportará con una moneda bajo la lengua, para que se la entregue a Caronte en la laguna Estigia. Y a otra cosa, mariposa.
Pobrecilla. Lo que sufría. Menos mal que aquí estábamos nosotros para ponerle fin a sus… ¿padecimientos? Un momento. ¿No dicen los partidarios de darle matarile que Eluana se mantiene en vida vegetal? ¿Dónde está el padecimiento? ¿O es que para morirse ya no es tan vegetal?
La historia de la infamia humana está a punto de cobrarse una nueva víctima. Y con todas las bendiciones políticamente correctas.
Eluana ha muerto a las 2o,10 horas de hoy. Podemos estar tranquilos. Ya no está en muerte aparente, la suya es una muerte con todas las de la ley.

El juez Francisco Serrano se ha propuesto resolver uno de los grandes misterios de la modernidad, cual es que en España se registren más casos de maltrato desde que existe la Ley Integral contra la Violencia de Género.
Médicos sin Fronteras, Educación para la Ciudadanía o Legionarios de Cristo deberían aprobar una derrama, a cargo del Estado, claro; para socorrer algunos casos de extrema urgencia neuronal, al margen de lo que destinen en sus presupuestos anuales para los asuntos cotidianos.
Qué mal trago ha tenido que pasar la portavoz parlamentaria de ERC, doña Anna Simó i Castelló, para explicar en público la postura de su grupo sobre el apoyo o no a la candidatura de Madrid para organizar los juegos olímpicos de 2016.
Urbaneja, el presidente de los periodistas madrileños, se ha cabreado un monzón al enterarse del montaje de Wyoming y la becaria. Ya lo estaba antes, cuando creía que la bronca era cierta, pero lo que en un primer momento podría interpretarse como los malos modos de un individuo más o menos tangencial con el periodismo, se convirtió después en el oprobio, la burla y el desprecio hacia la profesión por parte, no ya de un cómico metido a labores informativas, sino de toda una cadena, con sus directivos empresariales y periodísticos a cuestas; lo cual resulta imposible de justificar como si de una reacción puntual y espontánea se tratase.
Vean ustedes qué cosa. Jonathon Porrit, miembro de la comisión para un Desarrollo Sostenible del Reino Unido (UK Sustainable Development Commission), podría haberse muerto sin pena ni gloria, después de llevar una vida anodina, asistiendo a reuniones de la comisión antedicha, o sirviendo de chiste para quien pensase en su apellido antes de mezclar hachís con tabaco.
Pedir al Gobierno que le cambie el nombre a Radio Nacional de España porque sugiere connotaciones franquistas es una de esas iniciativas que esperábamos de un momento a otro, aunque costaba trabajo creer que con tanto paro y tanta recesión iba a haber alguien capaz de solicitar el cambio a viva voz sin que le afeasen la conducta antes de terminar.
La crisis comenzó un 11-S. Podría decirse que explotó ese día. Los cimientos se desmoronaron por su propio peso y todo comenzó a adquirir categorías absolutas mientras el viento arrastraba el polvo gris de la catástrofe. Y así las ideas, como los edificios, fueron despojadas de los grises y las sombras que las habían mantenido hasta el momento. Ya no no había matices, tan sólo quedaban blancos y negros; edificios en pie, o ruinas; banderas a las que alistarse o demonios a los que perseguir.