Todo fluye
Viernes, 19 de Diciembre, 2008Una apuesta con mucho predicamento político es la del cambio. Tanto vale para oposición _ es un cambio necesario _, como para el Gobierno _ vamos a consolidar el cambio _; quien se precie en política debe presentarse como abanderado del cambio.
_Pero oiga, si usted es el poder, ¿cómo es que propugna el cambio? ¿Quiere dejar de serlo?
_No, el cambio somos nosotros. Nosotros cambiamos constantemente. El que no tiene que cambiar es el votante, que debe votar siempre lo mismo para que todo cambie.
_Ya entiendo. Si queremos que todo cambie, tenemos que conseguir que el poder no cambie.
_Exacto.
El cambio, defendido como valor absoluto, no tiene principio ni fin. No compromete. Él mismo se justifica en su esencia, basta con practicarlo aunque se contradiga con lo acordado meses antes. Heráclito contra Parménides.
Pero no se crean, el cambio también tiene sus lados oscuros. Por ejemplo, el cambio climático.
_¡Ah¡ ¡Eso no, que se nos funden los polos!
_Bueno, pues entonces matice usted lo que quiere cambiar y lo que no.
_Hay que conservar lo bueno y cambiar lo malo.
_El problema es que cuando se cambió, se creía que era bueno, y ahora se sabe que fue malo.
_Porque se cometieron abusos.
_De acuerdo, entonces se trata de un cambio paciente, moderado y contrastado.
_Eso es.
_Un cambio conservador.
_¡Hombre…!
_Una conservación cambiante.
_Se está poniendo usted muy pesado. Le digo que nosotros estamos por el cambio, que no somos inmovilistas, que no nos ata el pasado y que miramos hacia el futuro.
_Ya. ¿Y qué ven en el futuro? ¿Más cambio?
_¡Por supuesto!
_Pero siempre con ustedes.
_¡Ande, cambie el rollo!

