Notorios sin placa
Jueves, 20 de Noviembre, 2008Santa Maravillas, patrona de los notorios sin placa, no tuvo que superar el proceso de los abogados del diablo, que se oponían, por oficio, a cualquier canonización. No le hizo falta porque Juan Pablo II abolió el cuerpo de estos procuradores fiscales en 1983 y ella recibió la santidad veinte años después, de manos del mismo Papa.
El caso es que superó la prueba y subió a los altares. Lo que no superó fue la Mesa del Congreso, que ha de estar formada por gente mucho más rabuda que aquellos abogados del diablo que deambulan por dos novelas de Morris West, la así titulada y Las sandalias del pescador.
Pese a todo ello, la notoriedad de Santa Maravillas ha recibido un impulso propagandístico en el último mes que para sí lo quisiera cualquier ocupante de peana. Ni el instituto entero para la Propagación de la Fe habría podido hacer más en menos tiempo.
Por su notoriedad anterior ya había recibido el apoyo del PP, del PNV, de CiU y del propio Bono para contar con placa en el lugar de su nacimiento. Noble cuna, sin duda. El Congreso. Y muy política también; no en vano Luis Pidal, el padre de Maravillas, fue ministro de Fomento, y como Paco Vázquez, embajador ante el Vaticano.
Pero nada, ni la anterior fama, ni la que ganó en lo que va de noviembre, sumaron la suficiente notoriedad para merecer placa en el Congreso, no fuera a ser que se deslaicificase al instante. Para darle una calle no habría tanto problema. Hoy se las dan hasta a asesinos confesos.
Pero con razón o sin ella para el homenaje, insistimos, Santa Maravillas se hecho a pulso con el título de patrona de los notorios sin placa, o como abogaba don Rufino Sotelo Miñambres, patrona de los Héroes Anónimos, que por fuerza han de muchos más que los Héroes Reconocidos.

