Soria, tengo una toxina
Miércoles, 10 de Septiembre, 2008Hay que averiguar en qué restaurante comieron gente como Carod, Garzón y esa panda de indocumentados que dedican sus esfuerzos diarios a que la convivencia sea más y más insufrible.
Hay que averiguarlo, porque unos chicos tan inteligentes como ellos sólo pueden estar diciendo lo que dicen si han sido víctimas de alguna toxina que afecta a labores del entendimiento, ya sea pasiva, como la memoria, o activa, como el raciocinio.
El caso de la vieira nos enseña que para ocupar ciertos cargos públicos es conveniente descartar que el individuo _ el propietario del cuerpo que va a hacerse con él _, está libre de toxinas descerebrales a muy largo plazo. Por ejemplo, si el candidato se pegó un atracón de bivalvos jacobeos hace treinta años, es muy probable que hoy no se acuerde ni de lo que le costó. Amnésico perdido. Bueno, pues este hombre / hombra no puede ser juez, porque se le ha olvidado el juicio; no puede legislar, porque se la ha olvidado la educación y no puede representar a nadie, porque no dice más que tonterías.
La analítica para detectar la proteína maléfica en el cuerpo del servidor público es de fácil ejecución, económica y muy rentable. No queda muy estético que te busquen las toxinas cuando te van a hacer alcalde de Burgos, pero siempre nos dijeron que era mejor el remedio que la enfermedad. Y así lo seguimos creyendo.
La toxina de las vieiras es una más de las muchas que se encuentran a diario al alcance de todos los bolsillos. Aquéllas que son de acción inmediata se detectan con la misma rapidez. Las lentas, eso, tardan más; pero están ahí.
Si a un tipo de éstos se le pilla una toxina en terreno de su propiedad, que lo contrate la privada. La pública no debe arriesgarse a tanto.
Porque mira que son inteligentes cualquiera de los quinientos.

