Los carteles
Viernes, 1 de Agosto, 2008
La patochada de Lluís Suñé, el concejal de Torredembarra que se hizo el gracioso con las desigualdades, la pobreza y los niños extremeños, es muy lamentable, desafortunada, indignante y todas esas cosas que le han dicho desde que se le ocurrió ganar prestigio de concienciado catalanista ante sus votantes. Pero prevenidos como estamos contra la facilidad para el escándalo, cuesta trabajo creer que ese desconocido concejal de la muy turística Torrredembarra haya ido más allá de lo que hoy se estila en ciertos círculos de pensamiento. Acaso, su única aportación al tema haya sido un trabajo de grafismo con resultado de cartel que siempre impacta más a una sociedad desletrada y dominada por la imagen como es la actual.
Los extremeños, que se han sentido más agraviados que otros, contestaron a Suñé con otro cartel. Ninguno de los dos nos ha hecho la más mínima gracia, si es que en algún momento ésa era la pretensión. Tampoco hay margen para el escándalo. Más bien ambos son causa de una profunda tristeza y un notable pesimismo, los que se producen al ver cómo se acrecientan los odios en una sociedad que tenía todo a su favor para ser ejemplo de convivencia, y que por el contrario está siendo espoleada por un buen número de sus representantes públicos para generar divisiones que sólo pueden favorecer los más ruines intereses.
El concejal se ha disculpado. Algo es algo. Incluso cabe la posibilidad de que esté realmente arrepentido de las formas en que ha planteado de visión de Extremadura y por extensión, de buena parte de España. Lo que resulta más difícil de creer es que también esté avergonzado de las ideas que inspiraron el cartelito de marras. En ese asunto lo vemos muy convencido, muy combativo y muy arropado, máxime ahora, cuando el segundo cartel echa más leña al fuego.

