Un tipo molesto
Sábado, 10 de Mayo, 2008La matraca que se trae el Gobierno con el laicismo no es, como se ha interpretado, una estrategia para desviar la atención de otros temas más difíciles de gestionar. Eso puede ser un valor añadido, el segundo pájaro del mismo tiro; pero el primero es el que se proclama sin disimulo, o sea, la persecución y eliminación de la idea de Dios allí donde se manifieste como responsable de los males patrios y de la carestía de la vida. ¿Cómo no nos dimos cuenta antes? Tanto insistir en que no existe y no son capaces de sacárselo del pensamiento. Como diría la ilustre pensadora Tamara / Ámbar / Yurena, son patéticos.
En la presentación de la campaña se ha tenido la precaución de resaltar que todo esto tiene como fin salvaguardar los derechos de los no creyentes, de los creyentes y de las otras religiones, como dando a entender que hasta su llegada este mundo estaba mal organizado y tras su paso por los despachos va a quedar hecho una preciosidad.
Pues no les queda trabajo ni nada. Empezando porque cada día de la semana, cada mes del año, el 80 por ciento de los topónimos geográficos, el 90 por ciento de los onomásticos, el 30 por ciento del callejero, el 100 por cien de las iglesias y catedrales, la historia, la arquitectura, la pintura, la escultura, la planimetría de las ciudades, las pirámides de Egipto, los mayas, la Odisea y alguna cosilla más, son manifestaciones, reflejos o consecuencias del hecho religioso, al Gobierno le queda un arduo trabajo por delante para contrarrestar los 25.000 años que le preceden. Quizá no le lleguen cinco o seis legislaturas.
Y una vez que acaben, cuando Santiago de Compostela troque su nombre por el de Ciudad A o Ciudad B y aquí no crea ni Dios, ¿cómo nos explicarán la historia? Bueno, no importa, ya habrá tiempo de manipular a mansalva.

