Amenazas en 11-S
Domingo, 9 de Septiembre, 2007ETA amenaza al Estado español, Al Qaeda a los Estados Unidos, y la crisis hipotecaria, al estado del bienestar. Por amenazas que no quede la cosa. A la alcaldesa de Lizarza le llegan directamente a los oídos. “Vas a morir”, le dicen cuando cuelga la rojigualda de su balcón municipal. En Alcorcón, tipos indignos de enarbolar la republicana, ni ninguna otra bandera, pasan de amenazas y se enzarzan a golpes contra un miembro del PP. Y por si fuera poco, ZP nos amenaza con acelerar los trámites de la Ley de la Memoria Histórica. La quiero para antes de las uvas, les ha dicho a sus congresistas.
Ante todo ello, ha de ser lícito preguntarse si la prioridad legislativa y la iniciativa gubernamental han de coincidir necesariamente hoy en una ley de estas características, por muy ecuánimes intenciones que la inspiren y por mucho el apremio que exista en reescribir la II República y la guerra del 36.
Ha de ser lícito también conocer qué piensan de tan loable como peligroso esfuerzo otros pueblos, como el alemán, que han vivido permanentemente divididos la segunda mitad del siglo XX. Y sobre todo, ha de serlo preguntarse el porqué de las prisas de ZP para que la dichosa ley se apruebe dentro de esta legislatura.
Quizás se trate de la deuda pendiente con algún socio, o tal vez el compromiso personal con la memoria del abuelo. A lo mejor, una promesa a los españoles, o la asignatura pendiente de un bachillerato mal estudiado.
En cualquier caso resulta una ley no querida al menos por tres bandas del arco parlamentario. El PP, por innecesaria; ERC, por insuficiente y CiU, por partidista.
El meollo de la ley no son disposiciones ni presupuestos. Es una materia delicada, apegada a los sentimientos, sumamente frágil y en ocasiones, sangrante. Nadie con dos dedos de frente debería manosearla desde la política si no es de forma unánime y consensuada. Pero, ya ven, tal como está consiste en una amenaza más del catálogo.

