Elecciones generalísimas
Miércoles, 4 de Julio, 2007A efectos electorales, que un político sea buen o mal presidente no se debe tanto a su gestión, como a la percepción que de ella tengan los ciudadanos con derecho a voto. Suena a perogrullada de catecismo y lo es, pero en ella se asienta el principio de la alternancia democrática por mucho que se anhelen otras razones de mayor objetividad.
También existen amores incondicionales, militancias e intereses que están al margen de las fluctuaciones y que van a pronunciarse en determinada dirección así nos gobierne un pato o un águila.
El debate no ha sido una campaña electoral, pero se le ha parecido bastante dada la inminencia de los días que nos pondrán en el disparadero de decidir, y si en algo coinciden todos sus protagonistas y sus espectadores es que nunca como hasta ahora las dos opciones mayoritarias van a concurrir enarbolando dos maneras de entender España tan dispares y tan opuestas que sobrepasan las competencias de Gobierno y alcanzan a las del Estado.
A diferencia de la anterior cita del 14-M, los votantes de ZP, que no del PSOE, ya saben que su respaldo al actual presidente estará dando carta de naturaleza por la vía de los hechos consumados a un Estado que no viene en la Constitución, ni en ninguna ley convenientemente elaborada y refrendada; que darán por bueno el espíritu maniqueo que anida en la ley de la Memoria Histórica, que se consolidará el status político de ETA y que nuestros aliados internacionales van a ser los más parecidos a la dictadura franquista que tanto dice aborrecer.
Con ese panorama, las cuestiones de Gobierno van a ser fruslerías sin condimento ni fuerza para mover el voto, a pesar de que la política medioambiental, de vivienda, de trabajo o de insfraestructuras son las que realmente afectan al ciudadano, siempre que haya un Estado previo, claro.
Por todo ello, aunque no existan competencias para declararlas así, se prevé que las próximas sean unas elecciones generalísimas.

