Paréntesis pesimista
Miércoles, 11 de Abril, 2007Se comprende que ante la convocatoria de unas elecciones afloren los nervios entre quienes de forma directa o indirecta creen que en ellas tienen mucho que ganar o perder. Es así porque desde tiempos inmemoriales hacemos abstracción de lo que significa servicio público y detrás de las urnas sólo vemos poder, dinero y privilegios no siempre acordes con la ley. Esta visión de una realidad distorsionada arrastra a que la gran mayoría también encuentre en ellas un motivo de desazón e inestabilidad, en principio, innecesario y evitable, pues como se repetía en tiempos transicionales, las elecciones son la fiesta de la democracia.
Sin embargo, de aquella hermosa teoría basada en la presunción de la inocencia y en el obligado sacrificio, hemos virado con notable ímpetu a la presunción de culpabilidad y el impropio beneficio. Y aunque sería injusto reconocer otros avances en prestaciones sociales y comunitarias, el desarrollo político sólo se ha dejado ver de forma fehaciente en la creación de un régimen dotado cada vez de mayores poderes para los cargos públicos _ incluidos los de carácter local _, que no cesan de desactivar los mecanismos de control impuestos para que el ciudadano siga siendo dueño de la situación en períodos entre elecciones. Estos mecanismos pueden llamarse interventores, secretarios o CG del PJ.
El poder ansía el poder en sí mismo, sin más limitaciones que la obligada renovación electoral sobre la que centran su actividad.
Pero si todos votamos, si todos somos ciudadanos y si todos contribuimos con los impuestos correspondientes, a todos nos cabría festejar las elecciones al margen de sus resultados, por el mero hecho de celebrarse. Y eso no parece que hoy impere.
Es posible que esta pesimista interpretación de la evolución política no sea compartida por todo el mundo, quizás por ser favorables a la creación de un sistema fuerte y autoritario. Deberían recordar que los últimos ejemplos de experiencias así, tanto a la derecha como a la izquierda, acabaron con rotundos y dolorosos fracasos.

