Indignación con caducidad
Lunes, 1 de Enero, 2007Otegi y ZP coinciden en lo fundamental. El atentado de Madrid es uno de esos accidentes inevitables que genera la naturaleza, como los tsunamis, los tifones o el granizo. Mientras duran sus efectos es un engorro, pero nada más. Pasa el tiempo, se olvidan y quienes han encañonado con una furgoneta a miles de ciudadanos vuelven a ser los portavoces políticos del País Vasco, plenamente reconocidos como tales por el gobierno de la nación y por el propio gobierno vasco, cuya postura ante el proceso es todavía más indigna, si cabe.
La falacia, la del accidente, se les va de las manos cuando anuncian que dándoles lo que quieren, estas catástrofes desaparecerán. O cuando el ministro del Interior se planta ante la prensa todo compungido para decirnos que no se esperaba algo así. ¿En qué quedamos? ¿Son accidentes, o son catástrofes que se deciden alrededor de una mesa con refrescos y panchitos?
Cuando se miente con tanta ligereza las contradicciones acaban por destapar las lenguas de trapo. Pero nada de eso parece importar demasiado, porque incluso después de hacer un gran esfuerzo por acercarse al pensamiento de ZP y de Otegi, al pensamiento del Gobierno y de ETA, los resultados son mucho peores, ya que entonces debemos suponer que Barajas era una posibilidad asumida desde el inicio de las negociaciones. “Ya les dije que iba a ser largo, duro y difícil. Y no les mentí. He aquí la prueba”. Tremendo. Resulta complicado señalar cuál de las dos opciones es la más terrorífica.
Dice ZP que hoy no se dan las condiciones que faciliten la negociación. ¿Por qué? ¿Por qué todavía están sin recoger los escombros y se sigue hablando de dos desaparecidos? ¿Cuánto tiempo calcula que necesita para anestesiar de nuevo a todos los que hoy muestran una indignación tan permanente como la tregua? ¿Dos, tres meses? ¿Se le ha gastado ya la indignación por la muerte de Miguel Ángel Blanco y las otras mil víctimas?

