Okupas y cordones
Domingo, 21 de Enero, 2007Bien mirado, el establecimiento de uno o más cordones sanitarios forma parte del íntimo utópico de todos, por muy demócratas que nos tengamos. El de Luppi lo preservaría de cualquier roce con el PP y éstos se librarían de mantener trato alguno con faranduleros proclives a los campos de concentración, por poner un ejemplo.
Los anacoretas, estilitas, cenobitas, eremitas y cartujos descubrieron desde los tiempos más remotos las ventajas de los cordones sanitarios y se los impusieron a ellos mismos sin necesidad de que nadie se lo ordenase. Después vinieron las limpiezas de sangre y la cosa se puso más dura para aquellos que no querían verse marginados por haber tenido una abuela hebrea. Hitler elevó el listón y del cordón se pasó directamente a las duchas de gas.
Todos nos ponemos aldededor algún que otro cordón. Prueba de ello es que no vamos regalando por las calles copias de la llave de nuestra casa. Somos anacoretas colmeneros, también llamados vecinos.
Caso curioso es de algunos que se hacen llamar antisistema, subespecie okupa, que en vez de seguir al pie de la letra sus convicciones y hacerse estilitas, pugnan por colarse en los habitáculos vacíos y convertirse en colmeneros por la vía del morro, lo cual está fracamente bien porque se ahorra un montón.
¿Pero usted no era antisistema? Bueno, yo soy antisistema de pagar, pero no de que me caiga el agua cuando llueve.
Como ahora la tercera teniente de alcalde de Barcelona ha dicho que a lo mejor se despenaliza a quienes practiquen el okupismo, ya se ha producido el primer caso en el que los okupas denuncian al propietario por violación de la intimidad, es decir, por romper el cordón sanitario que ellos se habían colocado cambiando la cerradura. Y eso también está estupendo, porque en esta vida nunca sabes cuándo vas a necesitar un techo y un cordón. Por cierto, ¿está deshabitado el palacio de Pedralbes o de Petras Albas?

