Labor de siglos
Viernes, 10 de Noviembre, 2006Una escritora iraquí, cuyo nombre lamento no recordar, analiza los males que aquejan su patria y concluye que el principal ha sido el esfuerzo realizado en pos de dividir sus partes.
La mujer destaca que los suyos, desde tiempos remotos _ miles de años _, han sabido convivir y respetarse. Suníes, chiitas, árabes y kurdos lograron caminar juntos sin menosprecio de razas, lenguas, religiones ni costumbres.
Sólo cuando el interés de unos cuantos desalmados les convenció de que el éxito está ligado al lema “divide y vencerás”, comienza Irak a desmoronarse, se desata la lucha fraticida, se suceden los genocidios y se instala el insoportable clima de violencia que hoy todo lo domina y cuyo fin no se ve próximo.
Es probable que la palabra Irak ya no satisfaga ni a unos ni a otros porque han borrado la grandeza de su significado, el sentido aglutinador que les permitía comprender sus diferencias y valorar sus puntos en común.
Si aplicamos este discurso a España, escucharemos inmediatamente el calificativo de joseantonianos, y no precisamente como un piropo, porque la ignorancia cabalga a caballo de la indigencia. Entre nosotros prima la exaltación de las diferencias frente a las ventajas de los parecidos razonables. Se ensalza como gran mérito que las lenguas utilizadas sean de mayor mérito cuanto más minoritarias y el empleo de la que venía siendo común hace que surjan ofendidos como amapolas en trigal. Papanatas. Quienes así piensan y quienes les bailan el agua por ser cosa moderna y de muy buen ver no entenderse, separarse y fastidiar.
No había en España grupos, razas, banderías ni religiones. Había lenguas y costumbres que no merecían la etiqueta de problemas. Nos empeñamos en hacerlos y hoy ya lo son. Algunos con vocación de enormes. Gran trabajo.
La escritora iraquí nos observa con tristeza, embargada por el recuerdo de su tierra que ya no es.

