El patriota repetidor (y II)
Sábado, 21 de Octubre, 2006Instituir la figura del emigrante por puntos es el invento más genial desde la goma para los calzoncillos.
Una vez que se aplica a los inmigrantes, se extiende a los ciudadanos y acabas teniendo una guardería con tobogán, en vez de una nación, que es lo que tú creías.
Se ganan muchos puntos hablando catalán, pero ninguno si recitas a Kafka en perfecto chino. Kafka no pinta nada aquí, pero por algo habrá salido.
Se ganan muchos puntos si te olvidas del Steaua y cotizas regularmente al Barça. Al fin y cabo gastan los mismos colores y entre Bucarest y l´Hospitalet, tampoco hay tanta diferencia.
Se ganan muchos puntos si dejas de cantar tus absurdas baladas montañesas y te pasas de hoz y coz a Lluís Llach, que está muy bien, pero es compatible.
Se ganan muchos puntos si votas a CiU, o incluso a Convergència; o incluso, en casos desesperados, a Unió. Lo que ya sería la repanocha es que el recién llegado peregrinase a Montserrat con la familia dentro de los tres primeros meses de estancia. Eso da más puntos que el Avecrem en sus buenos tiempos.
Si el emigrante rellena cuanto antes su cartilla de racionamiento nacionalista, antes conseguirá el permiso de residencia, servicios sociales y cuando se muera le estarán esperando en el cielo nueve huríes en bikini diseñado por Custo Barcelona, con una cena servida por Ferrán Adrià y un lote de productos de Puig.
Si por el contrario el emigrante es un badulaque apegado al terruño, que insiste en hablar chino y anima cada domingo al Racing de Pananaribo, no tendrá ningún punto en su cartilla y supenderá en junio y septiembre.
El patriota repetidor sabrá entonces que su desgracia no fue verse en la obligación de abandonar el paisaje que vio al nacer, sino no saber olvidarse de él.
Repetirá, tripitirá, y cuando por fin lo consiga, se morirá.

