Fascismo del bueno
Domingo, 10 de Septiembre, 2006Ha de ser un auténtico suplicio chino para hombres de sensibilidad, universalismo y cultura como Albert Boadella y tantos otros, verse rodeados a diario de la patulea berrona que compite por hacer de Cataluña un solar hostil y policial. Y mucho más desde que ese espíritu de monoteísmo intransigente e inquisitorial se ha instalado en el poder con un as en la manga que les permitirá permanecer en él para siempre, o ésa es su ilusión.
El as, ya lo sabe el lector, es cortar un patrón político de su acomodo y demonizar, prohibir y perseguir lo que no se avenga a sus hechuras. Y todo en exquisita democracia, faltaría más.
Una de las manifestaciones de este nuevo Santo Oficio sin que lo parezca es un premio llamado Boira _ niebla, creo que se traduce _, que concede todo un ayuntamiento, el de Bellpuig, para burlarse de los enemigos del nacionalismo. Nótese la sutileza. Una institución representativa de los ciudadanos dedicada a correteos políticos de la peor especie, cual es hacer chirigotas de la libertad ideológica y de pensamiento, salvo que hayan declarado al nacionalismo dogma de fe y entonces sí que nos hemos topado con la Iglesia de verdad.
Los andurriales facinerosos que recorren los mandatarios municipales deberían provocar la caída de todo equipo a poco que se les aplique la Ley de Bases del Régimen Local. Pero no, muy al contrario, este año se han reído mucho concediéndoselo a Boadella para que el pueblo le tire tomates como a los malos cómicos. El premio no conlleva capirote y sambenito, pero es lo que le presta a una iniciativa tan facha como zafia y hortera.
Afortunadamente Boadella reacciona como se merece el señor alcalde de Bellpuig, a quien le dedica esta emocionada frase: “Sin hostilidad ni ironía, pero con serenidad y también con íntima satisfacción: váyase concretamente a la mierda, usted, sus premios y la Cataluña que nos pretende imponer”.

