Caos
Viernes, 11 de Agosto, 2006La atmósfera gallega se torna irrespirable. La física, alrededor de los fuegos, por el humo y las cenizas; la de la convivencia, por las sospechas, acusaciones y rencores. Ora son los trabajadores despechados los que señala el dedo fiscal; ora el PP, como paradigma de todos los males que trae el siglo XXI; ora los helicópteros contraincendios, respuesta apropiada a la clásica pregunta del qui prodest?
Individuos, colectivos, empresas y partidos son reconvertidos en grupos criminales que no se detienen ni para refrescarse en su extraña labor destructiva de agosto. Si esto no es criminalizar a la población en todos sus estamentos, ya nada podrá ser llamado así en un futuro.
Convendrán en decir que realmente esto es una locura, un sinDios, el caos y las plagas juntas. Nada que ver con el todo está controlado, salvo que el control se ejerza sobre la explosión.
Cada cual apunta a su objetivo favorito y dispara sobre él sin conmiseración, ni pruebas, ni juicio. Es la hora de los pescadores en río revuelto, la de los palafreneros a sueldo y la de los francotiradores de vocación. Todo vale porque todo lo admite la incertidumbre que envuelve lo que está pasando como las nubes y las chiribitas de las llamas que amenazan vidas, haciendas y ciudades.
Pasiones privadas, ambiciones públicas y ánimo de lucro. Son los rescoldos del Prestige, se oye decir como sentencia definitiva. Aquí no está pasando nada que no viniera ocurriendo desde la introducción masiva del eucalipto, le corrige otro contertulio.
Así de caliente es el verano gallego cuando salta la última perla del dislate, pues airean que la Xunta del bipartito se apresuró a desmantelar los dispositivos contra el fuego creados durante los gobiernos Fraga sin preocuparse por cuáles habrían de sustituirlos. Algo propio de quien asó la manteca, pero no de quien se cree con capacidad de gobernar un pueblo, una nación, dicen.

