Senegal no colabora
Lunes, 21 de Agosto, 2006El cayuco 1.999.999 debería empezar a preocupar, sobre todo para que quienes lleguen tras él no se encuentren con una situación igual o peor de la que escapan. Sería muy ingenuo pensar que las Canarias, el Estrecho, Barajas o el archipiélago balear pueden seguir siendo puertas permanentes de entradas ilegales sin que nada ni nadie se resienta, sin que sea obligado adoptar medidas, sin a nadie le llame la atención que ocurra lo que está ocurriendo, algo que condicionará la vida del país con repercusiones imprevisibles, como ya se está denunciando sin demasiado eco.
Da la impresión de que todo sucede al margen de lo que España decida o deje de decidir, como un incendio incontrolado al que no se le ataca a la espera de saber cuántas hectáreas se va a llevar por delante. Pues sí que es grande, apaguémoslo ya.
Cuando se escucha a algunos políticos con ejercicio de poder, todo parece reducirse a una mera adecuación de oferta y demanda laboral, como si la avalancha fuese la respuesta a unos anuncios de contratación publicados en las páginas salmón de los periódicos, y que una vez cubiertas, los no admitidos lloran su mala suerte y regresan por donde han venido, a semejanza de los rechazados en los castings de OT. Pero en ese planteamiento no aparece ni el auténtico drama de los que se juegan la piel por pisar Europa, ni el peligro que corre la estabilidad social y política de quienes los acogen.
El Gobierno está parado, posiblemente asustado por el cariz de los acontecimientos y consciente de que a cualquier medida que adopte se le va a reprochar no haberla pensado antes.
Canarias lo observa atenazada, en Cataluña ven cómo peligra su inmaculado plan nacional, la UE presiona escarmentada por la inoperancia española y la riada aumenta a cada paso su caudal. El Gobierno despeja la patata caliente: Lo que pasa es que Senegal no colabora.

