La repanocha-cracia
Lunes, 3 de Julio, 2006Llevamos una temporada oyendo cosas tan extremadamente graves que a cualquier nuevo disparate le cuesta trabajo perforar la costra de insensibilidad acústica que se nos ha ido formado en torno a los huesecillos del oído interno.
Si a Carrillo le sale del cuerpo decir que el PP alienta el asesinato de ZP, va, lo dice y aquí no pasa nada; ni a Carrillo, ni al PP. Si a la Justicia se le recomienda hacer la vista gorda con los etarras, ídem del lienzo. Si al presidente le da por saltarse a la torera la Carta Magna, se la salta y todos tan tranquilos.
La última ha sido la fecha en la que ETA decide abrir diálogo con los gorrinos, febrero de 2004, un mes antes del 11-M. ¿Qué barbaridad es ésa? ¿Cómo se puede informar de semejante cosa y no ocurrir un cataclismo? Pues no se preocupen, que no ocurre. Hemos inventado la repanochacracia, que aventaja con mucho a su hermana menor, la democracia, pues con ella todo es posible, como en los anuncios de compresas.
Así no es de extrañar que recibamos inmigración de los cinco continentes. Lo raro es que no vengan marcianos, porque esto ya no es que sea tierra de libertades, esto es la utopía elevada al cubo. Lástima que sólo favorezca a quienes incumplen las leyes, de modo que el siguiente paso debería suponer su supresión. Así no habría ningún problema para admitir lo que decidan los vascos, lo que decidan los recolectores de remolacha y lo que decidan los niños de teta. Haga lo que le salga del nabo, que para eso hemos perdido una guerra.
Decía Sánchez Dragó que estamos siendo el hazmerreír del mundo. ¡Quiá! Nos envidian como posesos. Ellos, que tienen que aguantar tiranuelos ridículos o estrictas leyes de convivencia, están deseando venir aquí a despendolarse, aunque sea para volver corriendo a sus cuarteles. Como cuando vas al circo a pasártelo bien. ¡Jo, los españoles! ¡Ésos sí que saben de cachondeo!

