Sostiene Sostres
Sábado, 3 de Diciembre, 2005Un diario digital ha desempolvado una columna periodística donde Salvador Sostres sostiene que hablar castellano en Cataluña es propio de pobres, de analfabetos, de horteras y de gente de poco nivel. Vamos, que es la lengua del lumpenproletariat más misérrimo y arrastrado, una clase social por la que el columnista, parece ser, no siente especial cariño.
Conociendo su afán provocador y la endeblez de sus argumentos, casi siempre sacrificados en aras de su primordial objetivo, nadie debería concederle el beneficio de la indignación, porque supone tanto como rasgarse las vestiduras cuando nos cuentan un chiste de gallegos en Argentina, o cuando alguien intenta hacer una gracia burlándose de la tacañería catalana.
Puestos a provocar, dado que Sostres publica en catalán, habría sido mucho más efectivo decir que quienes lo hablan son unos paletos pueblerinos, o recordar a su audiencia que la historia de la literatura universal puede escribirse tranquilamente sin necesidad de citar una sola aportación en ese idioma. Eso sí que sería una provocación en toda la regla que cualquier día puede salir de la pluma de Sostres, pues ya decimos que es todo un profesional del ramo capaz de ciscarse en la Moreneta con tal de levantar ampollas.
Sostres, un apellido semiimpronunciable y cacofónico donde los haya, se ha ganado un saco de insultos con los que podría hacerse un bonito diccionario. Lo imaginamos feliz en un rincón de su despacho, sintiéndose el blanco de las iras españolistas y el perejil de todas las salsas airadas. No le demos más motivos de satisfacción. Tienes razón, amigo columnero, cuando dices que el castellano hablante hace un ruido horrible para pronunciar la jota. Sin duda se debe a su jeta de jarana jacarandosa y al júbilo jocoso que junta jornada tras jornada jurándose en justicia no jorobar al prójimo, algo que los jumentos no jalarán en jamás de los jamases.

