Aviados vamos
Jueves, 10 de Noviembre, 2005Desde que la gripe aviaria _ mejor que aviar _, entra en el contenido de los informativos se registran varios flujos que advierten sobre los peligros de una devastadora pandemia y otros tantos reflujos que rebajan la virulencia del cataclismo. El resultado de estas idas y venidas parece claro. Ahora mismo estamos en condiciones de recibir las previsiones más pesimistas sin peligro de provocar un caos generalizado.
Unos dispondrán de versiones médico-científicas en las que apoyar su optimismo, otros confiarán en que les alcancen las vacunas y un tercer grupo ni se ha enterado de la amenaza, ni la conocerán aunque se los lleve por delante.
Aquí no valen crispaciones ni catastrofismos. Estamos en manos de quienes controlan la información, si se puede hablar de control en asuntos de tan difícil localización. Aun así, y sin ánimo de alarmar más allá de lo que las autoridades lo han hecho ya, las impresiones recogidas hasta el momento es que pintan bastos; tal como se desprende del plan de acción global acordado bajo supervisión de la Organización Mundial de la Salud.
La noticia más sólida al respecto es que la evolución del virus H5N1 de la peste de los pájaros, influenza aviaria o gripe del pollo, hacia una forma sumamente patógena para los humanos “sólo es cuestión de tiempo”, a lo que se añade: “una vez que aparezca un virus pandémico será demasiado tarde”.
Si alguien quiere ver en todo ello maniobras comerciales de laboratorios desalmados, aun está a tiempo de hacerlo; si alguien cree que debe ponerse a cantar la gallina Turuleta ante millones de espectadores, también; si el lector huye por piernas de todo cuanto huela a pandemias y mortandades futuras, está legitimado para ello.
Lo único que esperamos es que las autoridades responsables ni se pongan una cinta en los ojos, ni coreen la Turuleta, ni se lamenten demasiado tarde de no haber sido previsores.

