Enclaves y naciones
Sábado, 1 de Octubre, 2005Tan susceptibles estamos a la terminología territorial que de repente leemos en la prensa internacional “Ceuta, enclave español” y nos llevamos un susto. ¿Qué dicen estos tíos? ¿Que Ceuta sólo es un enclave?
Pues sí, sin menosprecio de su españolidad, Ceuta y Melilla reúnen las características exigidas por el diccionario para ser denominadas como tales, de la misma forma que Gibraltar es un enclave inglés y el condado de Treviño es un enclave burgalés. De modo que no hay ofensa de ningún tipo.
Veamos otro término también muy traído como es el de nación. Aquí se nos dice en su primera acepción que es “el conjunto de habitantes de un país regido por el mismo gobierno”, lo cual nos complica bastante la existencia, pues si entendemos que el gobierno rige a diferentes conjuntos, como es el caso español, nos encontraríamos con que el país es España y las naciones pueden ser diecisiete. Por el contrario, si la acepción quiere decir que el gobierno rige al país, sólo habría una nación, por muchos gobiernos intermedios que se creasen. El municipal, por ejemplo, añade una precisión al nacimiento, pero no modifica la nación.
Como quiera que el Estatut define a España como Estado plurinacional, aunque su interpretación del diccionario fuese correcta, no lo sería de acuerdo con la Constitución, que proclama la indisoluble unidad de la Nación _así, con mayúsculas _, española. El guirigay comienza a cobrar sentido. El Estatut sugiere, indica u ordena cómo ha de modificarse la Constitución para que él, que es de rango inferior, pueda aprobarse sin problemas.
No hay por qué improvisar, el camino está escrito: aprobación por mayoría de dos tercios, disolución de las Cortes, convocatoria electoral, nuevas Cortes, aprobación del texto y referéndum nacional. Si alguien conoce otro sistema más sencillo que no vulnere la legalidad, que lo diga cuanto antes porque la cosa está al caer.

