Archivo de Mayo, 2005

El sermón de Guerra

Lunes, 2 de Mayo, 2005

La propuesta de financiación para Cataluña recuerda las consignas de la campaña abortista, pero en plan pelas: Nosotros recaudamos, nosotros repartimos.
Son ideas que posiblemente no nacen con intención de lograr un triunfo inmediato, sino con el propósito de ir penetrando en el magín colectivo para instalarse en él a la espera de la segunda intentona.
El más lerdo de los ciudadanos en materia fiscal razona del siguiente modo: Si Cataluña propone ese sistema de reparto y recaudación como el más ventajoso para ellos, cabe pensar que también lo será para el resto de las comunidades. Se aplica en todas y listo.
Lo malo es que si bajas a la arena, y algunos ya lo han hecho, se comprueba que la propuesta es injusta, inviable e insolidaria. Ya le han achacado que sería tanto como si a una empresa norteamericana se le permitiese instalarse en España y pagar sus impuestos en USA. Vamos, que no cuela, salvo a Montilla, que ejerce de Alejandro Sanz porque tiene el corazón partío.
Una vez más, el ariete catalán ha chocado contra su bestia negra dentro del socialismo español, Alfonso Guerra, y ahora se preguntan muy ofendidos quién manda en esa casa, si el condescendiente ZP, o el constitucionalista AG.
El primero se mueve en el planeta del posibilismo. “Todo es posible en España”, como cantaban los portorriqueños de West Side Story. El segundo se remite no sólo a la letra de la Constitución, sino a su espíritu, comparando las exigencias de algunas autonomías a una carrera sin fin, pues cuando alcanzan la meta propuesta no supone la llegada a un marco de convivencia estable, sino al comienzo de una nueva reivindicación.
Que sea Guerra quien lo diga está pidiendo que sean Maragall y ZP quienes lo escuchen, pero el ex vicepresidente ya no se sienta a negociar y su voz suena a lo lejos, como el vago recuerdo de una España que no la reconocía ni la madre que la parió.

La argamasa

Domingo, 1 de Mayo, 2005

Las cuentas de resultados se empeñan en reconvertir buena parte de la profesión periodística en oficio de porteras, paradigma del cotilleo y símbolo de la prensa más denostada por los propios informadores en las décadas anteriores a este florecimiento en el arte de despellejar.
Hasta estos últimos años, el objeto de comadreo se circunscribía a ciertos personajes de la farándula que se prestaban al juego por obtener a cambio una publicidad beneficiosa para sus carreras. Pero desde el momento en el que la televisión descubre que es capaz de fabricar monstruos a los que denomina famosos, el cotilleo descubre que ya no tiene límites y que puede entrar a saco en la intimidad de cualquier vida, pues es el monstruo quien se presta a ser penetrado. A cambio de pasta, claro.
En tales circunstancias nos encontramos con emisoras que son capaces de dedicar trimestres enteros a debatir si una chica asturiana es una novia ejemplar, o acaso un poco putilla, o por el contrario, un putón verbenero declarado.
Cómo estará de ramplón el percentil de la curiosidad intelectual que incluso una cátedra de Antropología biológica de Londres defiende que el cotilleo es una poderosa arma de cohesión social, habida cuenta que crea temas comunes a través de los cuales las personas pueden relacionarse y entablar una conversación.
Hablar del Gobierno y sus medidas, del Mediterráneo y sus bellezas, de Marx y sus materialismos dialécticos, del bromo, del yodo o cualquier otro aspecto del conocimiento no sirve de cohesión social, porque se ignora todo. Por el contrario, de la asturiana pechugona sabemos hasta la localización exacta de su punto G, cm. arriba, cm. abajo.
Ya le gustaría a la libertad de cátedra tener garantizado su ejercicio como el de esta nueva libertad de lengua que se alimenta de intimidades anodinas para vomitar detritus en paparrucha que, eso sí, cohesionan de muerte a la sociedad.