No es un futbolista
Martes, 1 de Marzo, 2005A Rosa Montero y a otros ilustres colegas, tertulianos, firmantes de cartas al director y comentaristas de comentaristas, les parece sencillamente obscena la agonía papal, con sus idas y venidas a la clínica Gemelli, sus traqueotomías y sus zumos de papaya. A tenor de alguna opinión que se escucha al respecto, el deber del Colegio Cardenalicio en estos momentos sería trasladar el Pontifex en su papamóvil a Treblinka y gasearlo, pobrecillo, para que no sufra más.
Es evidente que les molesta la resistencia de este hombre a la muerte, les molestan los ancianos, la decrepitud y la enfermedad. No es un modelo metrosexual, desde luego, pero es un ejemplo de vida, de fortaleza y de lucha. En este caso el Pontifex no construye ningún puente de plata a la muerte para que alcance cuanto antes su inevitable victoria final, sino que le planta cara y remedando a Unamuno, le espeta: “vencer vencerás, pero no convencerás”.
Lo de Ramón Sampedro _ el hombre, no el personaje _, puede ser una opción personal, como la de Arthur Kloester, Yukio Mishima y tantos otros que decidieron fijar ellos la fecha de la partida por los motivos más diversos, pero no vale como ejemplo; no cabe inhundar las calles con pancartas que digan: “Señores, esta vida es una mierda. Peguémonos un tiro en la sien”.
Si Rosa Montero considera que la enfermedad de Juan Pablo II constituye una obscenidad, porque lo sensato, lo caritativo y lo digno es darle matarile para reunir el cónclave y endilgarle la tiara a Tom Cruise, que está sano sanote, mejor haría en solicitar su traslado a la sección de Deportes, donde todas esas consideraciones serán valoradas como merecen.
Es cierto, Juan Pablo II no debe saltar este domingo al campo contra el Albacete, y mucho menos en el puesto de defensa escoba. Pero de ahí a que lo gaseen en la cripta del Vaticinio, media lo sensato, lo caritativo y lo digno, querida Rosa.

