Navidad laica
Sábado, 11 de Diciembre, 2004En un belén, Beckham hace de san José, y su santa esposa Victoria, de la Virgen María. En otro portalito de Barcelona, las fotografías de unos cuantos tipos urbanos y actuales sustituyen a los personajes tradicionales. En Madrid, el alcalde Gallardón cuelga palabras a modo de cadáveres exquisitos como hicieron los surrealistas sin necesidad de esperar a Navidad.
El creyente católico se pregunta por qué se encarga la realización de la simbología navideña a personas que no creen en ella. La respuesta es muy sencilla, aunque sea en inglés: money is money.
Los agnósticos que llegan a puestos de responsabilidad política viven durante estas fechas en una terrible y constante zozobra. ¿Qué hacer? Si siguen su ideario descreído y pasan de Navidad sin colgar guirnaldas, bolitas rojas y reyes en camellos, malo, porque los creyentes se lo echarán en cara, los comercios se pondrán de morros y la ciudad perderá visitantes.
Si por el contrario ordena que se coloquen las figuras de la Sagrada Familia a las puertas del ayuntamiento, malo también, porque sus votantes pensarán que en realidad es un calzonazos y que su ateísmo de pacotilla esconde bajo la piel a un meapilas de mucho cuidado.
Solución: la Navidad laica; es decir, hay un san José, pero es Beckham; hay un niño Jesús, pero es el hijo de Guti; hay Virgen, pero es Nuria Bermúdez. Y así, todos contentos. Bueno, casi todos, porque también existen muchos ciudadanos que no siendo ni muy creyentes, ni muy agnósticos, sienten una especial aversión hacia las mamarrachadas, los chisgarabís y los mercachifles.
La Navidad laica es como si quisiéramos implantar el recurso contencioso- administrativo sagrado, es decir, una horterada de proporciones colosales, la demostración de una ignorancia supina y una mariconada, en el sentido tradicional de la palabra.

