Patas arriba
Domingo, 15 de Agosto, 2021
Irene en la RAE
Si se confirma la amenaza, los textos escolares que se deriven del borrador Celaá utilizarán el bodrio al que llaman lenguaje inclusivo, como si con él hubiesen descubierto el bálsamo de Fierabrás contra discriminaciones, y no una modernez a base de cursiladas y berenjena, contraria a los criterios del organismo que tiene competencias en la materia, la Real Academia Española.
En ese momento, si nadie pone freno al disparate, se habría culminado un nuevo golpe de estado dentro del Estado, uno más y no pequeño en pos de generalizar el desbarajuste y las patas arriba.
Imagínense el pandemónium. La lengua en manos de Irene Montero, una estudiante que decide abandonar su tesis “por su compromiso político”. Más claro no puede estar. La mujer abandona el mundo del conocimiento por la política y ahora quiere imponer su desconocimiento a través de esa política a la que abraza para saltarse los codos y el estudio.
Ni académicos, ni filólogos, ni escritores, ni lingüistas. Entre Irene y Celaá se los cargan a todos de un plumazo en el ejercicio de engreimiento más grande de la historia, a la altura del fanatismo que enarbola la milicia talibán para ejecutar su cruzada iconoclasta.
Los objetivos son distintos, pero la petulancia y el desprecio a la historia son similares, dígase lo que se quiera, pues tal como advirtió Kennedy, “la ignorancia de un votante en una democracia perjudica la seguridad de todos”. En este caso, la ignorancia se ha adueñado del poder para cobrarse la ambición de un tercero, con lo cual la maraña es todavía más perniciosa.
Nos queda una esperanza. Pensemos que a los españoles siempre se nos han dado fatal los idiomas y este nuevo que se han inventado también se nos atragantará.











