Inés Rivadeneira, un ascenso meteórico

7 de Febrero , 2021

La mezzosoprano nacida en Lugo gana el Premio Nacional de Lírica a los 25 años

AL PADRE DE Inés Rivadeneira López (Lugo, 1928), el militar de Intervención con destino de gobernador entre murallas, Manuel Rivadeneira Villasuso, no le gusta la música. O mejor dicho, eso de cantar le suena a sinónimo de enseñar las piernas, que a su vez es el prólogo para ser prostituta.

Con ese panorama en casa, se entiende que Inés no las tenga todas consigo a la hora de anunciar su vocación, aunque ésta sea más fuerte que el interventor y logre hacer la carrera de canto en Madrid, para redondearla en Viena y Milán.

Esa hostilidad paterna se la cuenta a Rafael Torres en una entrevista para El Progreso, aunque también es cierto que en otras fuentes, quizás menos directas, se dice que su padre _ trasladado a Valladolid cuando Inés era una cría _, le canta canciones gallegas como arrullos verdes a orillas del Pisuerga. O lo más probable todavía, que primero la arrulla y más adelante, se opone.

Ángeles Ottein y Lola Rodríguez de Aragón son sus primeras maestras y Jesús Guridi, su primer director, que la pondera entre las mejores alumnas que pasaron por el Conservatorio. Werba, su homólogo de Viena, eleva su estancia en el Conservatorio a la categoría de acontecimiento.

La mezzosoprano se casa con el noyés Argimiro Pérez Cobas, antiguo segundo viola de la ONE, pero tampoco lo considera un gran apoyo para su carrera, sino más bien todo lo contrario. Un hijo de ambos es apadrinado por Ataúlfo Argenta.

Su debut se produce a los 23 años en Valladolid, pero ese mismo año hace en París Don Perlimplín, de Vittorio Rieti, basado en García Lorca. Al siguiente canta Soledad, de Juan Manén. en el Liceo de Barcelona y con uno más, a sus 25 años, es Premio Nacional de Lírica, al tiempo que Alfredo Kraus lo recibe en versión masculina.

Inés ha alcanzado la máxima categoría en muy poco tiempo. A partir de ese momento, cualquier obra _ Rigoletto, Doña Francisquita, La Boda de Luis Alonso _, y cualquier escenario _ El Campoamor de Oviedo, la Zarzuela de Madrid, el Festival de Granada, el Teatro Griego de Barcelona _, se rinden a su voz.

Graba zarzuelas con Ataulfo Argenta y estrena la obra de Joaquín Rodrigo El Hijo fingido. Después hace La Forza del destino, de Verdi, dentro de la temporada de ópera en el Teatro de la Zarzuela.

Con Olaria y Pedro Lavirgen canta la Carmen de Bizet en el Liceo barcelonés y así hasta obtener la cátedra de la Escuela Superior de Canto de Madrid. Compagina la docencia con la escena durante un tiempo, pero en 1980, tras cantar con Victoria de los Ángeles La Vida Breve, de Falla, en el Albert Hall de Londres, y alcanzar quizás el mayor éxito de su carrera, da por terminada su presencia en los escenarios.

Antes hay que apuntar el homenaje que se le rinde en el Círculo de las Artes de Lugo, organizado por Fernández Cid como certificado de su cuna _ y poco más _, lucense.

Su nombre queda unido de forma especial a La Verbena de la Paloma, dirigida por Argenta, y a El Amor brujo, de Falla, a las órdenes de Igor Markevitch. Aunque sus grabaciones son mucho más extensas.

Como profesora ha tenido entre su alumnado a actores y actrices que necesitaban cantar en alguna de sus películas, como Natalia Dicenta, Rossy de Palma o Silvia Marsó; en musicales, como José Sacristán para hacer El hombre de la Mancha con otra medio lucense como es Paloma San Basilio; o para estar preparado ante cualquier eventualidad, como Gabino Diego.

Fallece el año pasado a los 91 años. Julián Jesús Pérez escribe su biografía, I.R., una vida para el canto.

Insua Bermúdez, a los 110 años de su nacimiento

4 de Febrero , 2021

La muerte trunca a los 42 años la brillante trayectoria del pintor de Vilalba

LA VIDA APENAS le concede 42 años para disfrutar de su pasión por la pintura y de sus excepcionales condiciones para ejercerla. Quizá por eso su hermano Eladio se destapa a su muerte como un magnífico heredero artístico. “Hasta 1955 _ dice Eladio _, no me decidí a mostrar al público mi obra íntima”. Él muere en 1953.

Le sobrevive su madre, Rosenda Bermúdez Fernández, y siete hermanos, además del citado, Angelita, José, Dolores, José Antonio, Enriqueta y Artemio.

De Antonio Insua Bermúdez (Vilalba, 1911), se cumplirán en junio los 110 años de su nacimiento en Bidueiros, dentro de la parroquia de Santiago de Goiriz.

Lo inicia con los pinceles Pardo Saavedra en Lugo. De 1928 a 1933 estudia en la Real Academia de San Fernando, pensionado con 2.000 pts anuales por la Diputación lucense, que él aprovecha al máximo para poder renovarlas en cada ejercicio.

Concurre a las exposiciones nacionales de Bellas Artes, donde casi siempre dicen lo elogian. La excepción ocurre en la edición de 1932, donde participa con “Mirucha”, que al crítico Santiago Camarasa le parece “un cromito, y no de los mejores”. Aún así, Antonio de Lezama opina que es “un buen cuadro”.

Logra primeros premios en Dibujo y Pintura, antes de recibir clases de Castro Gil, con el que se perfecciona en aguafuertes, por los que lo premian en 1935 y 1946. En una exposición que organiza la “Agrupación Castro Gil” comparte espacio con Solana, Vázquez Díaz y Federico Rivas.

El historiador de Mugardos, Santiago Montero Díaz, amigo y coetáneo suyo, recuerda su afán por aprender y dice haberlo visto en Madrid cuando se traslada a Ávila para realizar apuntes de todas sus piedras, calles y murallas.

Es profesor de Dibujo en el Instituto Calderón de la Barca de Madrid, en el Masculino, Escuela de Trabajo y Artes y Oficios de Lugo, y en Vilalba.

A partir de su regreso expone treinta aguafuertes y óleos en el Ateneo Cultural de Vilalba (1935). Lo presenta el vicepresidente de la entidad, Domingo Goás Canto y en la clausura, entre los aplausos de los villalbeses, habla el presidente, Sebastián Martínez Risco, que será el titular de la Real Academia Gallega y que desde entonces vive con uno de sus cuadros a la vista, “Día de chuvia”, adquirido en esa ocasión y colgado en su cuarto de estar coruñés.

Otras obras presentes son “Retrato de una hermana del autor”, “A torre do homenaxe”, “Xente do mar” y “A cacharreira”, que ilustra su cromo. La crítica de El Progreso corre a cargo de Antonio Quintela Ferreiro.

Luego participará en la colectiva de Pintores Lucenses, en el Círculo de las Artes y ya fallecido, García Mato reúne toda su obra en una exposición antológica que se celebra en 1974.

Cuando a principios de los 50 acaba de realizar un soberbio retrato a Manuel Fraga, lo entrevista un tercer villalbés, Antonio Domínguez Olano y le aprieta a preguntas hasta sacarle cuánto cobra por un cuadro. No en vano el periodista solía ver el arte a través del prisma de los billetes de banco. Insua le confiesa finalmente que siete mil pesetas. Ni poco ni mucho.

Insua reconoce influencias del Greco y de Goya, y cree que los mejores de su tiempo son Vázquez Díaz, Valverde, José Aguiar García, Dalí, Picasso, y Laxeiro.

Cuenta a Olano que cuando retrata a una lechera, una moza de Vilalba, se niega a posar más días si no le da tres litros de aceite. La modelo le parecía tan idónea para el cuadro que acepta y consigue uno de sus cuadros más alabados, “La Freba”, que se expone en la avenida de la República de Vilalba.

Evaristo Varela, inventor del movimiento continuo acuático

3 de Febrero , 2021

El zapatero de Lugo propone el Salto Submarino como solución energética para todo tipo de buques

RACHA DE INVENTORES. Después de conocer los casos de Enrique Ares y José de Cora, abordamos hoy la vida de otro peculiar inventor, Evaristo Varela Pereira (Lugo, 1873), cuyo nombre no veremos entre los grandes por culpa de Arquímedes.

Evaristo es zapatero, como su padre. Vive en Ruanova, 29, pero su negocio de zapatería y salón de limpia botas lo tiene establecido en la calle del Conde Pallares nº 2 _antes Traviesa _, durante la primera década del siglo XX.

Luego se trasladará a la de Emilio Castelar nº 8, frente al Teatro Circo, al lado del Café España, como se encarga de anunciar a bombo y platillo con toda minuciosidad para no perder clientela y ganarse una nueva. “NO CONFUNDIRSE _ concluye Evaristo _ Castelar, 8, (antes Estación)”.

En ese tiempo sufre un gran disgusto, pues forzándole la cerradura de la puerta trasera, alguien le ha robado 30 duros que guardaba en el cajón del mostrador. Tras unos minutos de meditación es detenido uno de sus operarios, al que naturalmente despide al instante.

Gracias a un folleto que en noviembre de 1925 encarga a la Imprenta Palacios de Obispo Izquierdo, nos enteramos de que a la vuelta de un viaje a América se proclama propositor “del invento Salto Submarino”. En román paladino, que propone desarrollar una idea que se le ha ocurrido.

¿Qué es el Salto Submarino? Evaristo lo define como un “invento para navegar los buques de guerra o mercantes, por grandes y gigantes que sean, pues cuanto más calado aquellos tengan, mejor resultado dará el procedimiento en la práctica”.

En principio suena bastante bien. El inventor _ o proponedor _, quiere darle publicidad para que se enteren gobiernos, ingenieros, empresas y particulares de todo el mundo, ya que él no cuenta con recursos para llevarlo a la práctica, lo cual se entiende cuando se conoce en qué consiste el Salto.

Avanzamos un poco más y descubrimos que un buque dotado con su sistema no precisa carbón, ni gasolina, ni ningún otro combustible, excepto la propia agua por la que navega.

¿Cómo? Atento el lector. De proa a popa, “por debajo de la línea de flotación, se colocará un tubo/canal de un metro de ancho y dos de altura para instalar en él una turbina que al funcionar por la acción del agua ponga la nave en movimiento”.

¡Equilicuá! Si el agua cae por ese conducto, a su paso moverá la turbina y el barco andará. Así de sencillo. La turbina, que ha de ser de hierro o acero, se colocará en el centro y tendrá cuatro metros menos que la eslora. “porque el agua no debe salir antes del timón y por debajo del mismo con un 5% de desnivel”.

El señor Varela añade alguna observación más, pero todas ellas se formulan con el mismo desprecio por las leyes físicas sobre la presión de los líquidos elementos que ya estudió Arquímedes y con parecido olvido sobre la fuerza necesaria para mover una turbina, etc, etc.

Eso sí, “todos los buques tendrán motores de gasolina en cubierta para que al funcionar den velocidad al agua en el canal”. Una precisión que nos deja un poco mosca, porque si necesitamos gasolina para dar velocidad al agua, ¿por qué no la utilizamos directamente en dar velocidad al barco?

¡Ah! Se explica después: “Se suprimirán los motores que dan el primer impulso de la marcha del buque y este seguirá con la turbina agregada a la maquinaria continuando su marcha”.

Es una lástima que las leyes físicas se interpongan entre don Evaristo, fallecido en 1930, y este mundo del movimiento continuo, porque el ahorro sería bárbaro.

Carlos Casanova, el poeta frágil

2 de Febrero , 2021

El escritor de Outeiro de Rei fallece hace 16 años, cuando acaba de escuchar que es el nuevo premio Puro Cora

EL 2 DE febrero de 2005 permanece en mi memoria con la firmeza indestructible de las fechas trascendentes. Aquella noche nos reuníamos los miembros del jurado del Premio Puro Cora para fallar su XII edición.

La candidatura de Carlos Casanova Santos (Outeiro de Rei, 1955), se abrió paso entre las restantes ganando la voluntad de los reunidos con rotunda unanimidad, como a los jurados les gusta que ocurra para acabar antes su trabajo.

Como secretario del mismo, mi inmediato y habitual cometido es ponerme en contacto con el ganador, felicitarle y avisarle que en fechas cercanas se le comunicaría la celebración del acto de entrega, donde tendría un momento para intervenir brevemente.

Carlos recibe la noticia muy emocionado. Siempre he pensado que quizá no utilicé las mejores palabras para expresarme, aunque la verdad es que la fórmula no cambia de año en año, sea cual sea mi relación con esa persona. En este caso nos tratábamos como amigos desde hace muchos años. No tanto como con su hermano Luis, compañeros de Ingreso en el bachillerato, pero sí lo suficiente como para haber sido menos protocolario.

Sin embargo lo fui porque me pareció lo apropiado: “El jurado del Premio Puro Cora ha considerado que en la presente edición lo mereces tú”. Aquí puede haber una pequeña diferencia respecto a quienes no trato y con los que empleo el usted, pero nada más.

Le anuncio también que en unos minutos le llamará un redactor para recogerle sus primeras impresiones sobre el galardón y escucho su decir quedo de agradecimiento. Nada que deba alarmarme, porque Carlos habla con la dulzura de su poesía, como el espíritu de Rembrandt y la finura del pelo de Van Gogh.

La noticia de su fallecimiento, recibida todavía cuando el jurado se autofelicita por el fallo, fue una piedra en el estanque y la conmoción era general.

Carlos es un poeta exquisito y un articulista sutil. “El soneto 128” con el que gana, lo corrobora sin dudas. Sus méritos literarios ya habían sido reconocidos por otros galardones como el Esquío y brillan gracias a una serie de libros en donde da rienda suelta a una sensibilidad, a unos afanes estéticos y a un lirismo poco comunes.

A Carlos no le llaman la atención las abigarradas parafernalias, sino los gestos imperceptibles; no se emociona ante grandiosos paisajes, sino en presencia de briznas caídas entre los recodos de los caminos; no precisa de las grandes sinfonías para disfrutar de la música, bastan unas cuantas notas en el aire para que su elevado espíritu encuentre sentido a la estancia terrena.

Admira a músicos, pintores y poetas que son referencias constantes en sus escritos, y aspira, como ellos, a captar la belleza de un instante. En su último artículo, no el premiado, Carlos aboga para que la pureza, la risa y el amor impongan su ética y su estética en las relaciones humanas. ¿Quién dice hoy estas cosas? ¿Quién se queda en el campo de batalla oponiendo lirismo a terrorismo, como él hace en el artículo premiado?

¿Quién lo hace, mucho menos, dieciséis años después de su fallecimiento en un mundo crispado por los propios acontecimientos y por voluntad de cuatro insensatos con poder?

Carlos era en efecto un ser delicado cuyo mensaje de paz y sosiego se agranda con su súbita muerte cuando su quehacer periodístico, tan raro, tan particular, tan escaso, había conseguido el reconocimiento de sus lectores y la vanagloria del premio. Su “Solo de flauta”, su sección en El Progreso, resuena ahora en los espacios celestiales.

Miro Casabella, a primeira das Voces Ceibes

1 de Febrero , 2021

O cantante de O Valadouro xa amosa a súa admiración por Raimon o ano 1964

ANTES DE MARCHAR a Barcelona no ano 1964, Miro Casabella (O Valadouro, 1946) xa admira a Raimon, xa coñece o movemento da Nova Cançó e xa desexa implicarse nunha tarefa renovadora da música popular galega, semellante á que se observa en Cataluña e no País Vasco.

A proba de que foi así é unha entrevista dese ano que asina Ángel de la Vega nas páxinas de El Progreso cos tres compoñentes dun trío musical que vén de formarse en Ferreira do Valadouro, Ramiro Cecilio Domingo Casabella López, que canta e toca a guitarra; Quico Cancio, a os trastes dun laúd e Nano Lorenzo, cunha harmónica e unha guitarra.

Constitúen o Trío Soberano, e non porque sexan grandes consumidores deste brandy, senon porque o seu representante naquelas terras se ofreceu para patrocinalos a cambio de utilizar ese nome que “é cousa de homes”.

Dese xeito, Andrés Orol lévaos a Foz para actuar nun festival en prol do Asilo, ou ás Vodas de Ouro do párroco de Ferreira, don Eulogio, ou á igrexa, para cantar as panxoliñas do Nadal.

Grazas á testemuña do seu irmán Xosé, sabemos que todo comeza cando a súa curmá Elsira Castro Casabella, que vive en Venezuela, faille o agasallo dunha guitarra ao mozo Miro, que daquela non ten a máis mínima idea do instrumento.

A guitarra de Elsira non aparece porque si, senón que é unha homenaxe a seu avó común, Cecilio de Frexulfe, que moi neno queda cego pola varíola e que a raíz desa desgraza aprende a tocar o violín para facer varias viaxes a Arxentina e amosar alí as súas habelencias co instrumento.

O agasallo de Elsira fai que Miro reciba unhas clases elementais do médico Don Pepe (José Mel Pérez) para que logo, xa con certos coñecementos, poida crear o Trío Soberano.

Naquel intre non queren imitar a ninguén, agás a Raimon, pero obrigados polo xornalista, falan da xente que lles chama a atención, como o Trío Guadalajara, os Brothers Four, Nina and Frederik e no que a orquestras se refire, Los Satélites da Coruña.

Pero dentro dese mesmo ano Miro marcha a Cataluña para estudar Arquitectura Técnica e integrar a súa tuna, para coñecer a Mónica, a súa muller e para iniciarse no que será a Nova Canción Galega, que terá nel a un dos máis sobranceiros representantes, aínda que o seu debut, como vimos, non foi en Cataluña, senón en Ferreira.

Nesas estamos cando se xuntan no Hotel Compostela os que forman o núcleo inicial de Voces Ceibes, ou sexa, Benedicto, Araguas, Alfredo Conde, Xerardo Moscoso, Margariña Valderrama e Xavier del Valle, que mantiña correspondencia con Raimon e que dará o nome definitivo ao movemento. Voces Ceibes ten en Manuel María a referencia poética, petrucial e ideolóxica. Queren ser Els setze judges ou Ez dok amairu galegos.

Miro está na mesma liña e a súa integración en VC é cuestión de tempo. Será un ano despois no chamado concerto fundacional de Santiago. El canta ao chantadino Costa Clavell, a Celso Emilio, a Curros e a Rosalía. Entón participa con Serrat e Pi de la Serra no I Festival Internacional da Canción de Barcelona e gaña o terceiro premio.

Outro momento emocionante daqueles tempos é a súa actuación na anual Fête de L´Humanité, o xornal comunista de París, que neses anos convoca na capital francesa a xente como Mikis Teodorakis, Joan Baez, Georges Moustaky, Pink Floyd, The Who, Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Leonard Cohen ou Paco Ibáñez, co que mantén unha fonda amizade desde anos atrás, como co portugués Luis Cilia.

Logo virá o grupo de folk DOA e moitas máis cousas.

Luz Mary canta en la sala donde comienza Serrat

31 de Enero , 2021

La lucense forma parte de la orquesta Kalú-96 antes de casarse

SU MADRE ERA de Guitiriz y su padre, de A Fonsagrada, pero a sus hijos los tienen a medio camino de ambas poblaciones, en el barrio de San Roque de Lugo. Ella, María de la Luz López Lobeiras (Lugo, 1949), siente desde muy niña el tirón de la música y el cante, como esas criaturas a las que hoy encumbran de la noche a la mañana en programas televisivos de explotación infantil.

Como en aquella época no los hay, la muchacha se traslada a Coruña para educar su voz, aprovechando que allí residen unos familiares dispuestos a acogerla. Con apenas 16 años se siente con fuerzas para conquistar una de las plazas más difíciles de la península, pero también una de las que ofrecen más posibilidades, Barcelona, y da un nuevo salto en su carrera hacia la ciudad condal.

Allí lo intenta en los locales donde acogen actuaciones de cantantes y entra en contacto con músicos y compositores. Como primera medida busca un nombre artístico y lo encuentra en el suyo propio, con leves modificaciones, Luz Mary.

Lo suyo son los boleros y la canción ligera sin más apellidos. Consigue actuar y el compositor Esteban Puch escribe para ella una veintena de composiciones. Son títulos como Dolor y Les brindo ye yé, que después grabará la hispano-cubana Gina Baró.

En su repertorio añade otras que están de rabiosa actualidad, como Tres cosas hay en la vida y La chatunga, que defiende Luis Aguilé allí donde quiere que vaya.

Uno de los locales con más historia en la noche barcelonesa, donde Aguilé chatunguea es el Emporium y a su escenario se subirá también Luz Mary.

El Emporium no es un sitio cualquiera ni mucho menos. Nace como night-club en 1927, fundado por Emilio Serrats Soler que en su nombre homenajea al yacimiento de Ampurias en su L´Escala natal.

Está en la calle Muntaner, que a su vez dará nombre a otros locales que le sucederán en el mismo local.

En su tiempo tuvo servicio de señoritas que se alquilaban para aprender con ellas los bailes modernos y también de alterne, no se crean, pero eso es historia. Lo más importante del Emporium para Luz Mary es la nómina de personajes que han actuado allí. Tomen nota: Josephine Baker, Jacques Brel, Charles Aznavour, Gilbert Becaud, Juliette Greco, Los Tres Sudamericanos, el Dúo Dinámico, Tete Montoliu, el citado Aguilé y Joan Manuel Serrat, al comienzo de su carrera el año 1966, precisamente cuando allí también actúa Luz Mary.

Luego cambia de manos y de destino hasta acabar siendo la Sala Muntaner de teatro cuando cierra. La lucense, que se declara admiradora de Conchita Bautista y de Raphael, será artista de la sala Bolero y durante el verano de 1967 recorre con una orquesta los principales hoteles de la Costa Brava.

El amor aparece en su vida y decide poner fin a su carrera como cantante. No obstante dedicará sus últimos meses de soltería a ser la voz de la orquesta Kalú 96 y recorrer con ella la provincia de Lugo, quizá con el fin de que aquí también se le recuerde, porque en su patria chica nunca había actuado.

Sarria, Monforte, A Fonsagrada, Foz y el Festival de Navidad en Lugo son algunas de las plazas en las que actúa con la Kalú. A ella le hubiese gustado triunfar en el Festival del Mediterráneo, y de ahí… Es lo que acaba de hacer Julio Iglesias en Benidorm, pero ella ya tiene fecha para la boda. Su actuación en la renombrada “Sala de Fiestas Miramar de San Ciprián” en marzo de 1968 le sirve de despedida de los micrófonos.

El domingo siguiente se casa en la Nova con el almeriense José Vergara Martínez, con el que tendrá dos hijos, José Antonio y María Dolores. En un segundo matrimonio con Manuel Gómez Lobeiras tendrá el tercero, Asdrúbal.

Residirá en Gijón, donde fallece el 26 de agosto de 2015.

Silva de Castro, abanderado de la pena de muerte

31 de Enero , 2021

El religioso integrista de Sarria ocupa importantes puestos académicos en Brasil

FUE UNO DE los intelectuales más destacados de Latinoamérica como lo demuestra haber estado al frente de la Biblioteca Nacional de Brasil.

Pero también porque fue decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Gama Filho, canciller del Tribunal Eclesiástico Archidiocesano de Río de Janeiro, catedrático de Metafísica y rector de la Escuela de Altos Estudios Culturales de Brasil, además de firmar libros, artículos y conferencias.

Emilio Silva de Castro (Sarria, 1902), nace en Santa María de Lier en el seno de una numerosísima familia a la que pertenecen otros eruditos y religiosos.

Terminados sus estudios de bachiller en Santiago, se doctora en Filosofía por la Academia Romana de Santo Tomás de Aquino. El año 1926 se ordena como sacerdote y un año antes gana en Pontevedra el primer premio del certamen conmemorativo del Concilio de Nicea, con el trabajo Estado de la Iglesia de Galicia en el siglo IV. En Roma publica El plan de estudios de las Universidades españolas del año 1924.

Poco después se desplaza a Brasil para dirigir un colegio en Piauí fundado por el obispo burgalés Inocencio Sánchez Santamaría, de donde pasará a ser rector de la escuela ya citada.

En sus varios viajes a España, el padre Silva suele residir en Baamonde, donde vive su hermana, la maestra nacional de Pacios, Rita Silva, y su marido, el comerciante Florentino Varela García.

En uno de esos viajes recorre media Europa e interviene en las II Jornadas de Literatura Hispánica, que se celebran en Santiago, con el tema Hispanohablantes, libros españoles y Literatura española en el Brasil actual.

Alguno de sus libros de mayor repercusión fueron el Manual de piedade cristiâ, Filosofías da hora e filosofía perene, Libertad religiosa y estado católico o Amor Ruibal, genial renovador de la filosofía cristiana.

A sus artículos breves sobre Teología y Filosofía, hay que añadir las colaboraciones en la Enciclopedia Espasa y en el Dictionaire de Théologie Catholique, de Amann, Vacant y Mangenot, y otras.

En varios de sus trabajos _ especialmente en Filosofías… _, analiza y divulga el pensamiento del filósofo gallego Ángel Amor Ruibal, gana un premio por un estudio sobre José Martí y organiza una magna exposición con motivo del centenario de Marcelino Menéndez Pelayo, pero desde el punto de vista mediático el sarriano va a convertirse en una referencia mundial por su campaña y sus libros a favor de la pena de muerte, con toda la polémica complejidad que el tema acarrea.

Lo hace además en unos momentos en los que la mayoría de los pensadores, dentro y fuera de la Iglesia, se pronuncian en contra de la pena capital.

Vaya por delante que los trabajos del padre Silva, como no podía ser de otra forma dada su formación intelectual, están lejos de ser arrebatados o apasionados. Muy al contrario, pretenden abordar la polémica con la mayor erudición posible para invertir la defensa del delincuente en la defensa de sus víctimas.

Los títulos de sus dos obras principales en ese sentido sorprenderán al lector por la contundencia de sus planteamientos: Legitimidad de la pena de muerte y Pena de muerte, ya.

Lo que no extrañará tanto es que Silva de Castro forme parte de la corriente integrista de la Iglesia que con la llegada de la democracia defiende la unidad católica de España y en la que con él se encuadran los catedráticos José Orlandis, Tomás Marín, Rafael Gambra, Victorino Rodríguez, Álvaro d’Ors y el obispo José Guerra Campos.

José Sampayo, el conseguidor de reliquias

28 de Enero , 2021

El sacerdote de Carballedo se hace con una parte del cuerpo de san Francisco Javier

PARA LA NUEVA parroquia lucense de san Francisco Javier, la que va a atender el crecimiento de la ciudad hacia Fingoi, es designado en 1961 José Sampayo Vázquez (Carballedo, 1927).

Es un hombre de suaves maneras, pero al mismo tiempo enérgico y con objetivos muy claros. Su parroquia natal es Santiago de Pradeda, donde crece con su hermano Gerardo, también sacerdote. Estudia en el seminario de Lugo y dice su primera misa en 1951.

Sus destinos anteriores son Toldaos (Triacastela), O Salvador de Villaúxe (Chantada) y Santa María de Nogueira de Miño (Chantada). Ese año de 1961 se crean cinco nuevas parroquias en Lugo, S. Antonio, A Milagrosa, Sagrado Corazón, S. Lourenzo de Albeiros y S. Francisco Javier, que contará con Sampayo como párroco y con Marcelino Sanfiz Mera y Antonio Gandoy Díaz, como coadjutores.

Hay que construir un nuevo tempo y mientras tanto se solicita a Pedro Barrié de la Maza el barracón que Fenosa ha utilizado en las obras de Portomarín. Conseguido este, es trasladado al campo del Polvorín, en Montirón. Se organiza la Operación Ajo para recaudar fondos y surge el timo de unos estafadores que se hacen pasar por gente de la parroquia. Sampayo advierte: “Avisen a la policía”.

Gonzalo Fraga recuerda que la traza de la iglesia se inspira en la de la Virgen del Camino, de León (Lvcensia, n.º 45). La primera misa la celebra Sampayo a las seis y media de la mañana del 3 de marzo de 1967 para casar al fotógrafo Benjamín Rosa, de 62 años, con Manuela Fuentes, de 52.

Lo extraordinario del caso es que Sampayo solicita al obispo Ona de Echave algo poco menos que imposible, pues se trata de que aproveche un viaje conciliar a Roma y le consiga una reliquia del santo, cuyo brazo incorrupto se guarda en la Chiesa del Gesú de esa ciudad, la iglesia madre de la Compañía de Jesús, mientras el resto del cuerpo permanece en la iglesia del Buen Jesús de Goa (India), a donde es conducido después de morir en China.

Aún hoy se lee que está absolutamente prohibido desconectar de ambas reliquias la más mínima partícula. Y que en todo caso, cuando alguien de suma influencia exponga en razonable súplica el deseo de contar con una, a lo más que se llegue sea a entregarle un trocito de hilo de un birrete que utiliza el santo jesuita.

No obstante, el año 1964, Ona de Echave escribe a Sampayo desde Roma para comunicarle que por medio del obispo auxiliar de Santiago le hace llegar a Lugo un pequeño trozo de la piel de la reliquia india para que sea exhibida todos los años en la nueva parroquia lucense, cuyo templo todavía no existe.

La petición de Sampayo y la gestión de Ona delante del Padre General de los jesuitas, Jean-Baptiste Janssens _ el papa negro previo a Pedro Arrupe _, tiene un éxito extraordinario, pues los únicos lugares donde se reconocen reliquias del misionero navarro son las citadas iglesias de Goa y Roma, así como el pedazo de piel del tamaño de un sello de correos en poder de la Compañía, de donde se corta la reliquia que llega a Lugo.

Para albergarla se encarga un relicario a los Talleres Granda Madrid, que es el que se muestra a los fieles durante la anual Novena de la Gracia.

José Sampayo, que fallece el año 2009, ocupa otros cargos dentro del Obispado y es profesor de Religión en la Escuela de Artes Aplicadas Ramón Falcón, asesor religioso del colegio Rosalía de Castro y uno de los más activos predicadores en las misiones de la diócesis.

Vicente Fernández, el padre de Juana de América

27 de Enero , 2021

El de Lourenzá emigra al Uruguay con 17 años, donde lee a su hija poemas de Rosalía

CON 17 AÑOS, Vicente Fernández Rodríguez (Lourenzá, 1853), parte de sus tierras lucenses. Quizás ya conoce los Cantares gallegos de Rosalía. O lo más probable, se encontrará con ellos en su destino, la ciudad uruguaya de Melo, donde también conoce a Valentina del Pilar Morales Sánchez, con quien se casa en 1880 para ser padres de varios niños que no sobreviven, hasta que en 1882 nace Basilisa, y en 1892, Juana Fernández Morales.

Esta segunda hija, a través de su matrimonio con un capitán vasco francés llamado Lucas, se convertirá en Juana de Ibarbourou, Juana de América, como la bautiza el escritor José Santos Chocano y como la distinguen a través del acto celebrado en el salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, el año 1929.

El matrimonio de Juana con Lucas Ibarbourou, que la hará mundialmente conocida, es una ceremonia civil, dado el anticlericalismo de Vicente, que no está dispuesto a consentir que su hija suba al altar, pese a que Juana se declara fiel creyente.

Ninguno de los dos matrimonios, ni el de Vicente, ni el suyo, aguantan el paso del tiempo y cuando en 1932 su padre agoniza, las dos hermanas y Valentina, su exmujer, van a cuidarlo aunque él ya ha formado otra familia. El de Juana, salta hecho añicos por los celos del capitán ante la avalancha de admiradores de su mujer y los rumores de amoríos que nunca fueron confirmados.

Pero Lucas le pega y la bella Juana pasa página hacía nueva compañía.

Dionisio Gamallo Fierros escribe emocionado que Vicente Fernández le ha leído a su hija la poesía de Rosalía de Castro y así lo cuenta en 1963, cuando está a punto de inaugurarse la biblioteca de Vilanova que llevará el nombre de la poetisa y de donde saldrá una arqueta de tierra para ella.

La deducción es incontestable. En Juana influye la obra de Rosalía. Y no es simple pasión de erudito gallego lo que le hace hablar así al ribadense, pues en las dos autoras palpitan sentimientos paralelos.

“Muchas de sus predilecciones temáticas coinciden con las de los líricos de la ancestral tierra de su padre”, dice Gamallo y ella lo corrobora en la conferencia que pronuncia en 1925.

Al menos dos veces también escribe sobre su padre. Una, en el discurso de recepción en la Academia de Letras del Uruguay (1947), y otra, en un posterior artículo que publica Lar, de Buenos Aires (1957).

En la primera ocasión dice: “Era español mi padre y sentado en su sillón hamaca, bajo el rico dosel del emparrado, solía recitar enfáticamente los cantos de Espronceda y las dulces quejas de su nemorosa Rosalía. Nunca conocí fiesta mayor. Y ahí está lo que puede llamarse la génesis de mi vocación poética, o, con más propiedad, el comienzo de su ejercicio”.

“La voz querida _ dice Juana en Lar refiriéndose a don Vicente _, entona una cántiga gallega o me habla de bruxas y endriagos, y me recita versos en los que es frecuente una palabra que me ha estremecido siempre, porque la traje en la sangre: Morriña…”

Y añade: “En Santa María de Villanueva de Lorenzana, valle hermoso como un retazo del paraíso, nació mi padre, que tenía, como buen celta, el amor de la verde tierra, que luego cultivó en América. Su casa era un molino, y el polvo del trigo triturado cubrió sus frescas mejillas de muchacho”.

“Después fueron el Continente nuevo, la esposa criolla y los hijos morenos. Ninguno heredó el cabello y los ojos grises que él se trajo de su patria. Yo lo lamento siempre. Sí, pero heredamos su amor por Galicia, la devoción, por el Apóstol, el respeto por su raza”.

Luis Mendaña, el héroe más joven

26 de Enero , 2021

El verano de 1958 está a punto de acabar en tragedia, pero un niño de diez años la evita

EL VERANO DA sus últimos coletazos, pero ya se sabe que en Lugo hay dispensa para no empezar el curso hasta despachar el trámite festivo de los sanfroilanes, por lo que algunas familias prolongan al máximo sus sanciprianes.

Dos de estas familias son los Mendaña de Lugo, y los Sampedro de Oviedo, ambas con tradición estival en aquel San Ciprián tan añorado y que se prolonga en el actual San Cibrao.

Son las nueve y media de la noche del 16 de septiembre del año 1958, martes de la semana. Los niños mantienen sus juegos hasta ser llamados a la cena. En esas circunstancias están Luis Mendaña Pardo (Lugo, 1948), María del Pilar Sampedro, de tan solo dos años y un grupo de amigos hasta la decena. No está, y es raro porque siempre van juntos, el hermano gemelo de Luis, Tino, que ya toma en casa la última comida del día.

A uno de los chicos le han puesto como el padre, Luis Mendaña Vergne, y al otro, Celestino, como su abuelo materno, Celestino Pardo, padre de Teresa Pardo Castiñeira.

En esta ocasión, como en otras muchas, los niños juegan entre el puerto y la Rúa da Capela, la última tierra firme frente al islote de la Anxuela, que es su dique natural. En el puerto también está Francisco Sampedro, tío de Pili; y no lejos, una pareja de la Guardia civil.

Los niños corren, se escapan de quien la queda, juegan a esconderse y a pillarse. Ya es noche cerrada y el límite del puerto se dibuja con una línea confusa, máxime para infantes en algarabía.

María del Pilar ha pisado en el aire y ya se va hacia el agua sin remedio, pero en el último instante la niña se agarra a Luis, y Luis a ella, de tal forma que los dos caen al mar desde una altura de cuatro metros. Sus compañeros se dan cuenta de lo ocurrido, pero no saben si han sido uno, dos o más los precipitados.

Gritos de alarma y carreras hasta donde se encuentra Francisco Sampedro. Presienten lo peor. Sobre todo por Pilar, ya que Luis, si no se ha golpeado la cabeza contra la piedra de la construcción, se puede defender porque con sus diez años es fuerte y nada muy bien.

El hombre llega al borde de puerto, pero no puede ver lo que ocurre abajo, así que no lo duda y se arroja al agua detrás de su sobrina y de su amigo, mientras el resto de la pandilla lo observa con el corazón en un puño.

Así que todo pase, al cabo de unos días, un periódico titulará: “Cuando todos suponían que se había ahogado… apareció Luisito sosteniendo a María del Pilar”.

Así fue. Con Francisco sumergiéndose una y otra vez hasta el fondo y los dos guardias a la expectativa, uno de los niños observa que por la cara interna del puerto avanza Luis hacia la playa, nadando con un brazo y sosteniendo con el otro la cabeza del María del Pilar.

_ ¡Está aquí! ¡La ha salvado! ¡Luis ha salvado a la niña!

La alegría es inmensa. Pilar ríe, inconsciente del peligro que ha pasado. Luis logra hacer pie cuando ve “a un señor con una lancha”. Lo ha logrado.

Al héroe le imponen la Medalla de Bronce de Salvamento de Náufragos en un acto que preside el comandante militar de Marina del Ferrol, José Luis Pérez Cela, acompañado del hombre con mayor experiencia de España en salvamento, Luis Cebreiro, ayudante del Sector de Viveiro y fundador de los Flechas Navales; el alcalde de Cervo, Arcadio Pardiñas, el párroco Rosendo Teniente y otras autoridades.

El comandante asegura que es el único caso de salvamento realizado por un chico de su edad. La Junta de Protección de la Infancia también le concede un premio de mil pesetas.