Sánchez Almagro, de asesino a personaje de Eugenio Noel
14 de Marzo , 2021El picapedrero lucense es el protagonista de la novela y película “Las siete cucas”
DE ENTRE LOS lucenses que alcanzan la categoría de personajes literarios, que no son pocos, Ricardo Sánchez Almagro (Lugo, 1836) es uno de los más desconocidos.
Es hijo de Domingo Sánchez y de Juana Almagro, y hasta 1889 sólo sabemos de él que se gana el pan como picapedrero. Ha tenido una condena por lesiones, pero lo suyo sigue siendo machar piedras para la construcción de carreteras.
Reside en Peñaranda de Bracamonte, a 44 kilómetros de Salamanca, donde se casa con Cuca Rodríguez y han tenido seis hijas y un varón. Romualdito. Como la famosa es la mujer, él será Ricardo el de la Cuca.
En compañía de Francisco Martín Siages, de 21 años y su tío Agustín Martín Gómez, alias Cóquiles, de 24, vago notorio, planean dar un golpe en una fábrica de jergas _ telas duras y colchones de paja _, de la calle Medina, donde trabaja Francisco. Dicen que allí hay dinero.
Francisco, que es de escasas luces, se niega, pero Ricardo lo amenaza. Actuarán cuando el dueño salga de caza, lo que ocurre el 22 de febrero. Francisco avisa a sus compinches para dejarles entrar y esconderlos hasta que los empleados acaben la jornada. El cachorro perdiguero que no va al campo ladra sin parar, pero como si lloviese.
Por fin se quedan solas la dueña, Dolores, de 66 años, y su criada, Gervasia Lozano, de 17, sobre la que caen los intrusos cuando el ama marcha de la cocina. Ricardo la sujeta por la espalda y le ofrece un cuchillo a Agustín para que acabe con su vida, pero éste le da un pinchazo insuficiente y el de Lugo la apuñala hasta en la cara.
El asesinato de la chiquilla incluye brutalidades que han sido descritas anteriormente y que nos ahorramos aquí. Al regresar la señora, la despachan de un machetazo en la cabeza. Buscan el dinero, se hacen con mil y pico de reales y huyen.
Como Francisco se ha hecho una gran herida en una mano y se cambia de camisa siendo sábado, cuando su costumbre es hacerlo sólo en domingo, los asesinos caen uno a uno. Ricardo jura y perjura que él no ha sido.
El proceso se solventa con tres penas de muerte que ninguna campaña es capaz de evitar y que se materializa en el Egido, muy cerca del lugar del crimen.
Tras la ejecución de Ricardo, las Cucas son rechazadas por ser parientes del ajusticiado. Algunas de ellas sirven en casas de los ricos, pero son despedidas. La superviviencia de los Sánchez peligra y la Cuca, o alguna de las hijas, plantea que deberían dedicarse a la prostitución y ser ellas mismas las explotadoras de sus cuerpos.
La propuesta alcanza el suficiente consenso para que pronto se hable del éxito de la mancebía de las Siete Cucas y son numerosos los casados que la frecuentan. Ahora son ellas las que se burlan de las honradas señoras que las repudian de sus casas.
La existencia del prostíbulo familiar llega a conocimiento del novelista Eugenio Noel cuando la editorial Renacimiento de Gregorio Martínez Sierra le ofrece la publicación de una novela larga, la primera y única del genial escritor español. Las Siete Cucas (Una mancebía en Castilla), se publica en 1927. En ella no se aborda el crimen, sino sus consecuencias. La obra acaba siendo la novela más editada de Noel.
Por otra parte, Cóquiles sustituye al Coco en aquella tierras de Salamanca, donde a los niños se les amedrenta diciendo “que viene el Cóquiles”.
En 1981, el director mexicano Felipe Cazals rueda una versión de la novela de Noel. El reparto incluye a Isela Vega, Nadiuska, Amparo Muñoz y David Reynoso, el lucense.











