Daniel Cortezón, tras la senda de Cunqueiro
19 de Abril , 2021Auxiliar de Farmacia desde niño, el de Ribadeo va a lograr una abundante obra dramática
LOS PERSONAJES DE sus obras hablan de heterodoxia y esoterismo. Nicolas Flamel, Prisciliano, Pedro Madruga… como si él mismo se hubiese dedicado a perseguir los secretos alquímicos, las herejías y lo políticamente incorrecto.
De Daniel Cortezón Álvarez (Ribadeo, 1927), se repite que fue un autodidacta, o sea, que buscó la cultura fuera de las aulas, lo cual no deja de ser común a casi todos, porque la universidad no suple ni la lectura ni la formación.
De hecho, cuando confiesa sus influencias, la lista no es menguada, pues cita a Platón, Pascal, Kant, Schopenhauer, Montaigne, Kierkegaard, Unamuno, Ortega, Hartmann, Spengler, Toynbee, Tolstoy, Andreiev, Gogol, Dostoievski… todos ellos encontrados en la biblioteca municipal El Viejo Pancho, a la que devolverá lo recibido con una continuada colaboración, en paralelo a la agrupación Francisco Lanza.
En su caso, las estrechas condiciones en las que crece por pertenecer su padre al Cuerpo de Carabineros, se compensan por vivencias en muchos puntos de España. Luego, la Guerra Civil les alcanza en Asturias, de donde huyen a Francia, para volver a Ribadeo terminada ésta.
Siendo todavía un adolescente de 13 años comienza a trabajar allí como auxiliar de farmacia, o para ser más exactos, como mancebo de botica en términos clásicos. Así seguirá durante más de veinte años, hasta que en 1963 se casa y marcha a León y Madrid.
En el desempeño de ese oficio ocurren dos hechos trascendentales en la vida de Daniel Cortezón. El primero, cuando apenas sabe leer, es la llegada a sus manos de los Diálogos de Platón. “Los leo sin entender palabra. Me propuse entenderlos. Así nació mi vocación literario-filosófica. Estudié con ahínco, como pude”.
El segundo es cuando decide enviar su Decálogo del Auxiliar de Farmacia al concurso que organiza la revista Auxiliar de Farmacia el año 1953. No sólo lo gana, sino que llega a ser redactor-jefe de esa modesta publicación.
Comienza a colaborar en la revista Rumbos, de Valencia, sobre temas culturales y se lanza a la creación literaria. En 1956 consigue un premio en América para su novela humorística Ribanzo y el mismo año el Lar Gallego de Caracas también le premia su novela Cabaleiro da Lus. Luego, en 1959, gana el concurso de la Casa de Galicia de Nueva York, con el ensayo De la saudade y sus formas. Parece que América sabe apreciar más al escritor de Ribadeo, pero lo cierto es que en ese momento él se dedica con mayor insistencia al otro lado del charco.
Cuando en Lugo se celebra el Festival del Miño, el jurado del apartado de teatro duda entre dos obras, A noite vai coma un río y Nicolás Flamel. Martínez Risco y Gamallo Fierros están convencidos de que las dos son de Álvaro Cunqueiro. Algo raro, pero no imposible. Finalmente encuentran algunos defectos en Nicolás Flamel y el premio va para A Noite… que en efecto, es de Cunqueiro. La basada en la vida del alquimista es de Cortezón.
Desde entonces se le conoce en Galicia y se le da el título de imitador de Cunqueiro, lo cual sólo es cierto en parte.
La producción de Cortezón va a caminar por el campo dramático con la publicación de As Covas do Rei Cintolo, un tema muy cunqueiriano también; Prisciliano, Xelmírez, Os Irmandiños, Pedro Madruga, etc, etc. hasta completar medio centenar de títulos.
Así como Cunqueiro tiende a rescatar personajes de ficción de ámbito mundial, como Merlín, Sinbad, Orestes o Hamlet, Cortezón le da la réplica con otros más cercanos.
El escritor fallece en Lugo el 4 de octubre de 2009.











