No hay espacio

Dicen estar padeciendo una sobredosis de nacionalismo ante la cual no hay esperanza ni salvación. Por eso impulsan la creación de un nuevo partido político en Cataluña que no sea nacionalista, que contemple con naturalidad la existencia del Estado Español y donde tengan cabida los principios ideológicos de la izquierda.
Es el manifiesto de quince intelectuales catalanes, hartos de ver cómo su cultura sólo sirve para marcar diferencias y establecer imposiciones, lejos del objetivo que otorgan a toda cultura, cual es ayudar al entendimiento de las personas y al fomento y respeto por la diversidad.
Estos quince firmantes que se encabezan con el relumbrón de Félix de Azúa, Albert Boadella y Arcadi Espada creen que en Cataluña son nacionalistas hasta los dos partidos que en teoría no lo eran, el PP y el PSC. Al primero le achacan la deriva desde la salida de Aleix Vidal-Quadras; al segundo, desde que Carod mece la cuna de Maragall. Acusan a CiU de establecer la censura nacionalista desde la derecha, y al tripartito, desde la izquierda, aunque ello no impide que califiquen a una de sus patas, la de ERC, como la actual extrema derecha, y no se extienden mucho en explicarlo porque todos entienden el juego de palabras.
Por supuesto, el recibimiento que los partidos ya asentados están dispensando a los intelectuales es cualquier cosa menos de bienvenida.
La diputada socialista Lidia Santos pone el grito en el cielo _ concretamente entre santa Eulalia y la Moreneta _, diciendo que en Cataluña no hay espacio político para nuevas organizaciones, ni existe necesidad de otras siglas que pillen votos. Que para pillar ya están ellos. Y los de CiU, ERC y demás prosapia abundan en la idea.
Ésa sí que es una novedad democrática: cerrar la ventanilla a nuevos partidos en el convencimiento de que ya están todos los que son. Lidia Santos acaba de descubrir el principio de toda dictadura: Estando yo, ¿a qué vienen todos los demás?

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