El Extremo Occidente

Fraga está condenado a ganar por mayoría absoluta. No le alcanza sólo la victoria, como a Aznar, a ZP, a Maragall, a Ibarretxe, a González Laxe, a Touriño o a Quintana, por citar los siete primeros ejemplos en el tiempo o en el espacio. Esa particularidad política que el actual presidente ha satisfecho en las cuatro últimas convocatorias se admite y se asume con naturalidad porque la oferta de siglas con implantación en los antiguos conventos lucense y bracarense no da para más.
En la historia autonómica hubo otros representantes que dieron juego para mayores cruces de poder. CG (PNG), PSE-EG, PCG, y claro, UCD; pero tanto ellos como el Partido Galeguista son hoy ecos lejanos que se diluyen en los libros de historia para lamentación de unos e indisimulable alegría acaparadora de otros.
Todo ello conduce a conseguir que la más amplia representación de la autonomía, tanto en el Parlamento español como en el gallego, esté en manos de partidos estatales, y obliga a que si alguien quiere distinguir su voto en esa dirección tenga que hacerlo exclusivamente a través del BNG.
Como aquí somos muy particulares desde los tiempos de los oestrimnios, de los conventos romanos, del primer reino genuino peninsular, que fue el de los suevos, y del último lugar en el que se implantó la Inquisición, esas características distintivas respecto a otras autonomías, no nos llama tanto la atención como lo hace más allá del Padornelo, al decir de Barreiro, o Malo.
Al fin y al cabo, estas tierras fueron durante muchos siglos el Extremo Occidente de la civilización y ya se sabe que todos los extremos han de ser exóticos por naturaleza. El Ara Solis de Lucus Augusti sigue imponiendo a la tierra un carácter que muchos intelectuales reconocen como único y original en un mundo cada vez más globalizado, descafeinado y parecido a sí mismo.

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